
Sin duda el atributo esencial en la fase visual de la cata es el color con todas sus tonalidades ya que nos transmite información sobre el tipo de vino y su edad; la intensidad refleja el cuerpo del vino, a mayor color mayor concentración tánica (sobre todo en vinos tintos), por otra parte el matiz nos acerca a la evolución que ha sufrido. El color también dependerá de la variedad a partir de la cual se elabora el vino (la Garnacha tintorera es una uva que produce vinos muy oscuros, el Cabernet Sauvignon tiende a colores aframbuesados…), del grado de madurez de la misma y de la duración de la maceración.
Por último es importante que la apreciación del color de un vino se haga inclinando la copa sobre un fondo blanco; la superficie del vino queda dispuesta en forma ovalada y permite una mejor observación del color y el matiz. También podemos encontrar otras pistas como la coloración de la espuma producida al verter el vino en la copa, que puede indicarnos si retrata de un vino joven o viejo.
A continuación definiremos unas escalas de colores básicas para cada tipo de vino que serán las de referencia para calificar los diferentes colores.