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Merlot: la cepa olvidada


A veces dejada de lado por las modas y las tendencias, la variedad que da vida a los grandes vinos de Pomerol tiene en la Argentina algunos ejemplares que son capaces de seducir a los paladares más sofisticados. Aquí algunos recomendados.


El Merlot es uno de los tres cepajes más finos y codiciados del mundo. De hecho, un vino de esta variedad es uno de los más caros del mundo (Château Pétrus). Pero claro, si en este planeta globalizado los consumidores se dejaran llevar por una película (Entre copas) y si los productores le hicieran caso porque piensan que si no se vende no hay que hacerlo, el futuro del Merlot, y el de muchas otras variedades, estaría en jaque.
Por su parte, esta uva es más conocida por su condición de acompañante inseparable del Cabernet Sauvignon en el Burdeos de la margen izquierda que en las comarcas de la margen derecha, donde es protagonista, como en Pomerol y Saint-Émilion. Seguramente con ese precepto fue tan difundido por el mundo vitivinícola. Y si bien es de la familia de los Cabernet, madura bastante antes y no es tan plástica. Es decir que no se adapta tan fácilmente a los distintos terruños a los que llega.
En nuestro país siempre estuvo pensada como parte integrante del clásico blend (Malbec-Merlot) hasta que por fin un visionario, don Raúl de la Mota, se animó a vinificarlo solo en la bodega Weinert porque sabía que ese varietal podía dar un buen resultado. Si se habla de zonas, hay que ubicarlo más hacia los terruños frescos; de lo contrario, puede llegar a arrebatarse durante el último período de madurez y así perder lo mejor de sus aromas y sabores. Por eso, en la Patagonia encontró un rincón muy apto, aunque aún sean muy pocos los exponentes premium que de allí provienen. Y si bien es una cepa que ya lleva sus años implantada, nadie hasta ahora se ha dedicado de lleno a ella para ver hasta dónde se puede llegar. Ni siquiera el propio Michel Rolland, quien la vinifica como varietal desde hace más de treinta años en su Pomerol natal.
El desconocimiento, o la falta de confianza en la variedad, se vio seriamente agravado por la película “Entre copas”, estrenada en el momento de auge y expansión del consumo de vinos. Desde Hollywood se bajó el mensaje: “no more Merlot, viva el Pinot Noir”, y el mundo giró 180 grados. Y como la industria vitivinícola es un negocio, tuvo que bailar al ritmo de la música y la película logró que el Merlot, que ya era poco tenido en cuenta por las bodegas y que estaba más por obligación y portación de nombre que por otra cosa, casi desapareciera. Por suerte, hay algunos bodegueros que no están sintonizados con la caprichosa moda y que confían más en sus posibilidades vínicas que en lo que pasa a su alrededor. El Merlot puede tener el cuerpo estructurado del Cabernet Sauvignon, pero con la suavidad y sutileza del Pinot Noir. La fruta es bien jugosa, como la del Cabernet Sauvignon, aunque con dejos más especiados. El Merlot, como dice Miguel Brascó, es un vino sensual.

Fuente: http://www.elconocedor.com

Después de cuatro décadas, el clásico Don Valentín Lacrado incorpora un vino blanco


Esta etiqueta de la tradicional línea de Casa Bianchi incluye uvas Chardonnay, Torrontés, Chenin y Semillón. Tiene un precio sugerido de 28 pesos



En el marco de la actualización de su cartera de productos -que incluye el rediseño de algunas de sus etiquetas más conocidas y el lanzamiento de nuevos vinos- Casa Bianchi sorprende al darle "aire fresco" a una de sus líneas más tradicionales.

Se trata de un vino de corte pensado como compañero del clásico y prestigioso "Don Valentín Lacrado", el vino tinto de Casa Bianchi que se comercializa desde hace cuatro décadas y que hoy continúa entre los preferidos por el consumidor.

El nuevo "Don Valentín Lacrado Blanco" es un vino amable, fácil de beber, versátil para acompañar platos frescos y con una muy buena relación precio-calidad.

Elaborado como un corte de Chardonnay al 60% con Torrontés, Chenin y Semillón este vino se presenta para ser comercializado a $28 en uno de los segmentos de precios más dinámicos, que representa en ventas un 23% del mercado local de vinos considerando varietales, genéricos y frizzantes.


"El nuevo Don Valentín Lacrado Blanco es un vino con un excelente equilibrio entre la frescura de las flores blancas, las frutas tropicales y la acidez armónica de un buen vino. Es un digno compañero de nuestro clásico Don Valentín", afirma Raúl Bianchi, presidente de Casa Bianchi y continúa: "El desafío que nos planteamos fue crear un producto que el mercado nos demandaba: un blanco de estilo actual, agradable para acompañar diversos platos y con la mejor relación precio-calidad que pudiéramos ofrecer".


Fuente: http://vinos.iprofesional.com

Precio justificado


¿Cómo justificar el precio de una etiqueta que supera la barrera de los cien pesos? Es simple: al igual que en una obra de arte, se debe adicionar el factor creativo o autoral que sin dudas se esconde detrás de cada botella de alta gama.


Muchas veces la discusión sobre la relación calidad-precio de un vino es la que acapara toda la atención; como si el importe que se debe pagar por una botella fuera la variable más importante. Incluso, cuando uno juzga un vino –o en mi caso, califica–, la opinión suele ser relativizada en función del costo.
A mí no me resulta difícil hablar de este vínculo porque lo hago desde un lugar privilegiado ya que no suelo comprar vino todos los días. Sin embargo, puedo dar una apreciación al respecto, aunque no la incluyo en la calificación, sino que la destaco aparte, porque no tengo la fórmula exacta para combinar a estas dos variables (calidad y precio) y traducirlas equitativamente en un juicio de valor. Pero lo más destacado no es esto, sino que considero que el precio de una botella no es lo más importante a tener en cuenta.
Es cierto que en nuestro país, la economía tiene una gran incidencia en el hogar; es más, lamentablemente, en muchos casos es fundamental; pero también es verdad que la Argentina es el quinto productor mundial de vinos y que, gracias a ello y a la naturaleza, la oferta es muy amplia en todos los segmentos. Por consecuencia, cada uno de nosotros tiene la posibilidad de elegir entre varias alternativas en función de su bolsillo.
Lo bueno del vino es que puede entregar placer por muy poco, simplemente porque lo más relevante no está dentro de la botella, sino que se encuentra en la sumatoria de elementos que pueden transformar ese descorche en algo único; más aún con un vino de todos los días, en el cual su costo es el principal motivo de compra. Por lo tanto, desde mi lugar puedo –y quizás hasta debo– hablar del precio para guiar al consumidor. Pero claro, esto es posible hasta cierto límite, digamos hasta los $100, porque si uno disgrega el precio final de un vino, como lo haría con cualquier producto o servicio, puede llegar a un número bien tangible. No hay fórmulas secretas, para lograrlo hay que separar proporcionalmente los costos de la mano de obra para manejar el viñedo a lo largo del año (muchas y calificadas); de la cosecha; de los profesionales y el personal de la bodega; del mantenimiento que exige la tecnología; de las barricas de roble francés y americano para la crianza; de los insumos (corchos, botellas, cápsulas, etiquetas, etcétera); de los departamentos comerciales, de marketing y administrativos… Lo que implica cientos y cientos de personas trabajando, muchas de las cuales son familias enteras. Hasta aquí, y con la ayuda de los registros, se puede entender por qué tal vino cuesta tanto, simplemente porque es muy demostrable cómo alcanzar los cien pesos incluyendo una utilidad lógica.
Ahora bien, la gran pregunta es cómo justificar el precio de un vino que supera la barrera de los cien pesos. Y la respuesta es tan simple como contundente: es necesario adicionar el factor creativo o autoral que se esconde detrás de cada botella de alta gama. Si se justifica pagar millones por una obra de arte, cómo no se va a justificar desembolsar apenas unos miles por un gran vino. Alguno podrá decir que una obra de arte perdura en el tiempo, mientras que el vino no. Eso es cierto, pero, en todo caso, aquel que lo haya consumido tiene la posibilidad de inmortalizar para siempre ese momento.
Pero volvamos al trabajo artístico detrás del vino, a ese factor intangible que sólo encuentra correspondencia en los que están dispuestos a pagarlo, porque un vino vale lo que otros estén dispuestos a pagar por él. En cada etiqueta ícono hay mucha creatividad puesta. Los esfuerzos para poder lograr el mejor vino de la casa son muy grandes y una manera de saber interpretarlo es abonar lo que el productor solicita. Lo mismo sucede con cualquier producto de consumo, o acaso a alguien se le ocurre objetar el precio de un Porsche o de un Mercedes Benz. La mayoría, lejos de poder comprarlos, opta simplemente por admirarlos, pero jamás criticarlos por resultar inalcanzables. ¿Por qué, entonces, criticamos el precio de los vinos? ¿Tal vez porque no podemos adquirirlos? Si es así, no me parece justo.
No hay dudas de que el precio es uno de los elementos a analizar al emitir una opinión, pero no es el más importante. Distinta es la calidad, atributo que es más fácil de medir y transmitir; y, en todo caso, si se trata de un vino de inferior nivel cualitativo que quiere mostrarse en un segmento de precios más alto, sí es factible el llamado de atención. Pero si un vino cuesta $500 es porque el que lo hizo considera que hay clientes potenciales que lo valorarán y comprarán. Y quizás, invirtiendo esa cantidad de dinero, esa persona vive un momento inolvidable con sus afectos, algo que los mortales sabemos que no tiene precio.

Por eso, más allá de que podamos o no comprar tal o cual botella, respeto el vino en su conjunto, incluido lo que hay que pagar por él. El hecho de que no lo pueda comprar no me habilita para castigarlo por su relación calidad-precio. En todo caso, me quedaré admirándolo –o soñándolo– como hago con un Porsche, pero sin dudar que su precio está justificado.


Fuente: http://www.elconocedor.com

Vinos de Lujo: datos para tener en cuenta


A pocos días de la décima edición de la exposición más esperada del año, viene bien tener a mano los nombres nuevos que se darán a conocer en los salones del Alvear Palace Hotel. Son muchas las flamantes etiquetas y cosechas que se podrán degustar a lo largo de la semana próxima. A tomar nota.


Vinos de Lujo se ha transformado en la cita obligada anual de todo amante del buen vino. Claro que muchos profesionales y jugadores de la industria tampoco se la quieren perder porque es la mejor oportunidad para conocer y degustar los mejores vinos que se están elaborando en nuestro país. Y de esta forma poder entender cuáles son las tendencias, los terruños sobresalientes y los emergentes, los nuevos nombres para recordar y las etiquetas para buscar. Por supuesto que estarán las nuevas cosechas de los grandes vinos de siempre, algo también muy interesante a tener en cuenta en el recorrido de la feria.
Sin embargo, los más conocedores y curiosos van en busca de lo nuevo. Pero no porque crean que la novedad es mejor, sino porque en el consumo de lo no conocido está la satisfacción. Y es muy entendible, sobre todo para aquellos que viven inmersos en el mundo del vino, ya sea por trabajo o por placer. A mayor cantidad de vinos incorporados al paladar y la mente, más respuestas, más impresiones… en definitiva, más conocimiento. Y se sabe que el mayor conocimiento lleva indefectiblemente al mayor placer.
Este año habrá propuestas novedosas para todos los gustos, tanto de grandes bodegas como de proyectos independientes y de diversas zonas vitivinícolas.
La bodega Riglos estará presentando su flamante línea joven, denominada Quinto, un Sauvignon Blanc 2011 mordiente y con personalidad y un Malbec 2010 con el sello de Gualtallary, su terruño de origen. Del mismo rincón mendocino, llegan los Montesco de Matías Michelini, que con sus Passionate Wines parece que va a romper todos los pronósticos. En Ruca estará presentando Pablo Cúneo, como todos los años, los vinos de su autoría. Pero esta vez hay algo más, el tercer blend de esta bodega que desde siempre puso más énfasis en los varietales. Se trata del Reserva de Bodega 2009, un tinto con enjundia y elegancia. En el stand de Atamisque también están de estreno porque su línea top se agrandó. Además del Assemblage, el Malbec y el Cabernet Sauvignon, ha llegado el Chardonnay, un verdadero blanco de lujo. Otra familia, bastante más conocida y que se amplía es la de Cadus, que seguirá con su Malbec Single Vineyard, pero ahora rodeado de un espumante, un blend de terruños a base de nuestro cepaje emblema y un vino de corte sumamente interesante.

Los Lote Especial de Colomé también prometen llamar mucho la atención de los visitantes. También hay bodegas que se presentan en sociedad, o al menos en la alta sociedad del vino argentino. Como Manos Negras (de Alejandro Sejanovich, quien además llevará sus propios vinos) y Zorzal, dos recientes proyectos liderados por jóvenes enólogos con grandes aspiraciones. Otra debutante y a tener en cuenta es Montechez. A todos ellos habrá que seguirlos de cerca. José Hernández Toso estará en su stand de Huarpe mostrando con orgullo sus dos etiquetas top, el Huarpe y el Guayquil. Y hay muchos más que están esperando ser descubiertos.


Fuente: http://www.elconocedor.com

El sabor verdadero


Al ser el gusto en sí mismo un sentido limitado, la clave para reconocer y entender los innumerables y fascinantes sabores de los vinos es tener en cuenta tanto los aromas como las sensaciones táctiles de esta bebida. En esa interrelación tripartita está la definición de “flavor”, explica Ricardo Ianne, director académico de la Wine Education Society.


Hace un par de años se estrenó en Buenos Aires la adaptación cinematográfica de la novela El perfume, del escritor alemán Patrick Süskind. Una historia que despertó polémicas por su mensaje. Trata sobre el desarrollo extraordinario del olfato de su protagonista, Jean-Baptiste Grenouille, pero también sobre su obsesión: sentir el olor de todo.
En un párrafo del libro de Süskind, justamente el que sedujo al director Tom Tykwer para llevarlo al celuloide, dice: “Las personas podían cerrar los ojos ante la grandeza, ante lo que da temor, ante la belleza y podían tapar sus oídos para no escuchar una melodía o palabras seductoras. Pero no podían escapar del aroma, ya que el aroma es un hermano de la respiración. Con ésta, el aroma penetra en las personas, ellas no pueden evitarlo, si es que quieren seguir viviendo. Es bien para adentro de ellas que va el aroma, directamente al corazón, distinguiendo allí categóricamente entre atracción y menosprecio, repulsión y placer, amor y odio. Quien dominase los olores dominaría el corazón de las personas”.
Esta contundente afirmación sobre nuestro sentido primario no hace más que confirmar la importancia evocativa que tienen los aromas en los seres humanos. Gran cantidad de volúmenes y tratados sobre degustación y análisis sensorial de alimentos describen la importancia de los componentes aromáticos de cada producto para analizar la calidad desde su origen. Jean Brillat-Savarin, otro importante y célebre escritor que revolucionó el mundo gastronómico en el siglo XVIII, también expone la influencia del aroma sobre el gusto en su peculiar libro Fisiología del gusto. No obstante, hasta el momento, en ninguno de los muchos libros que han pasado por mis manos sobre el tema se le confieren al olfato –con entera y completa justicia– los derechos que le pertenecen, ni se le reconoce la importancia que tiene a la hora de apreciar los sabores.


El dilema del gusto y el sabor en el vino
El vino, bebida de encuentro y placer, puede disfrutarse mucho mejor si comprendemos sus mensajes simples, a partir de mejorar el entendimiento que tenemos de nuestra propia capacidad sensorial.
Luego de leer estos párrafos podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿significa lo mismo hablar del gusto y del sabor del vino? Y en todo caso, ¿es relevante comprender esa diferencia para cualquier persona que toma una copa por placer?
Importantes libros sobre degustación hablan muy confusamente sobre estos términos y, lo que es peor, si recurrimos al diccionario de la lengua española, vemos que se define al gusto sólo como “el sabor que tienen las cosas”. Sucede que los vinos y el acercamiento de los consumidores a su mejor comprensión se han popularizado en el mundo occidental en las últimas décadas, cuando la gente empezó a valorizar sus propiedades y a disfrutar de su casamiento con las comidas. El vino merece una descripción sencilla, sin complicaciones, ya que es la única manera de que todos puedan tener en claro de qué se habla cuando nos referimos a tal o cual perfil de vino. Y en este marco, cuando se hace referencia al gusto, sólo debemos referirnos a las cuatro posibilidades básicas conocidas: dulce, salado, ácido y amargo; no más que eso. El gusto en sí mismo es un sentido con muchas limitaciones debido a la fisiología de los receptores gustativos que se ubican en la lengua, conocidos como papilas. Como ejemplo de esto, mucha gente supone que cuando estamos resfriados somos incapaces de percibir los gustos, cuestión que definitivamente es errónea. Lo que sí ocurre en estos casos es que perdemos nuestra capacidad de oler. Verifique durante su próximo resfrío, con la nariz bien tapada, si no es capaz de sentir la acidez proporcionada por dos o tres gotas de limón sobre su lengua. Si hacemos la prueba de oler una papa y una manzana percibiremos cosas bien diferentes, pero una persona con los ojos vendados y privado del sentido del olfato tendrá seguramente dificultades para diferenciar el gusto de estos dos productos que poseen una textura bastante similar.
Como el gusto es, entonces, un sentido con limitaciones, nuestra atención debe hacer foco en interpretar la impresión del sabor, con el que evaluamos, además del gusto, el aroma y algunas sensaciones táctiles, como la aspereza y la frescura. De hecho, cuando en escuelas y casas de estudio tienen que reflejar esto en una fórmula, el concepto de “flavor” (sabor) está compuesto por un 50% de aromas (retrogusto) más un 30% de sensación táctil más sólo un 20% de gusto.
El aspecto más confuso en la degustación de un vino radica en poder separar lo que se experimenta en la boca debido a la lengua misma y lo que se siente si se agregan los vapores de aroma que, por el conducto posterior retronasal, percibe nuestra mucosa olfativa.
Muchas personas creen con frecuencia que un vino muy frutado o con muchas notas a flores, por ejemplo, tiene gusto dulce. Y en realidad no siempre esto es así. Algunas variedades de uva tienen una presencia aromática muy dulce aun cuando el azúcar natural de su jugo haya fermentado en su totalidad convirtiéndose en alcohol. Algo todavía más confuso es el hecho de que existen vinos que tienen una cuota importante de azúcar residual en su composición y no necesariamente un bebedor los percibe como dulces. Esto puede deberse al alto nivel de acidez que balancea o anula la percepción de ese dulzor. En la práctica, existen variedades de uva, algunas muy aromáticas, que pueden confundir al consumidor. Por ejemplo, normalmente se describen como vinos dulces aquellos elaborados con Chardonnay, Riesling, Pinot Noir o Torrontés.
Entonces, para esclarecer el tema, es conveniente separar lo que ocurre con la percepción del gusto en la lengua, a través de sus papilas gustativas, y la percepción del aroma registrada por la mucosa olfativa, a través de la llamada vía retronasal (con la posibilidad de oler poniéndonos un producto en la boca y calentándolo a 36°C, que es la temperatura corporal).

En este sentido, un ejercicio interesante es colocar un sorbo de vino en la boca pinzándonos la nariz durante unos instantes para poner atención a lo que ocurre en la lengua con los mensajes de las papilas gustativas y luego de esto desbloquear la nariz para sentir los estímulos aromáticos, llamados, en este caso, “aromas de boca”. De esta manera, estaremos en condiciones de describir claramente el gusto de la muestra, por un lado, y su sabor (gusto más aroma de boca y sensaciones táctiles), por el otro. Detectada la diferencia conceptual y práctica entre el gusto y el sabor, en futuros artículos dirigiremos nuestros pasos hacia la formación de estos estímulos que provocan en todos nosotros tanta atracción.


Fuente: http://www.elconocedor.com

Dime dónde veraneas y te diré qué beber: cinco maridajes que no fallan


Pasaron las épocas en las que la playa era el lugar exclusivo para disfrutar de las vacaciones.

Hoy, los turistas no sólo eligen el mar.

Miles de ellos optan por las sierras, por el sur, por los lagos helados o por el calor del Noroeste Argentino.

Incluso las estancias y por qué no, para quienes no quieren alejarse, las quintas o countries son buenos destinos para descansar.

Sea cual fuere la elección, siempre hay un plato típico que está esperando a ser degustado, una experiencia que se une al paisaje y la propuesta del lugar y que ayuda a convertirlo en inolvidable.

Ese plato vive y se exalta si es acompañado por un buen vino.

En este contexto, desde Familia Schroeder delinearon un "tour" por destinos, platos y vinos.

• Playa
¿Quién no cede ante la tentación de los frutos de mar cuando está en la playa?

Una buena cazuela de mariscos, con una vista privilegiada del mar y el aire cálido de verano es una experiencia indescriptible que sólo puede alcanzar la perfección si la acompañamos con un Phebus Chardonnay.

Un vino color amarillo pálido con reflejos verdosos y aromas como melón, mango y peras. Es fresco y sedoso en el paladar, ideal para acompañar pescados, mariscos y sushi.

Este vino, de Bodega Fabre Montmayou tiene un precio sugerido de $40.

• Patagonia
Un lugar especial en el mundo. Glaciares eternos, agua cristalina, días y noches interminables de acuerdo a la época del año.

Y allí, en medio de todo ese paisaje de ensueño, la centolla como un protagonista permanente. Preparada al natural, al ajillo, a la provenzal o como la imaginación lo indique, siempre alcanzará la plenitud en su sabor si se acompaña con un Saurus Sauvignon Blanc.

Un vino con aromas cítricos que se combinan armoniosamente con finas notas de hierba. Las raíces patagónicas y el agua de deshielo que riega los viñedos le otorgan a este vino esencias minerales características de la región.

Este vino, de Familia Schroeder, tiene un precio sugerido de $37

• Campo
No hay lugar como el campo para vivir las costumbres bien argentinas. El mate de la mañana, el aroma a pan casero y los dulces recién elaborados son el principio de lo que se convertirá en un viaje hacia los sentidos.

Cuando el sol se despliega en el cielo en su punto máximo, bajo la sombra de los sauces, comenzará la preparación de uno de los rituales más tradicionales, el asado. Cebolla, salmuera, ajos, morrones y un fuego bien alimentado serán los acompañantes de la mejor carne.

Y en este escenario, el Fabre Montmayou Gran Reserva Malbec -de color rojo violáceo, muy complejo y elegante, con aromas florales como violetas junto a cerezas negras y regaliz- se convertirá en uno de los protagonistas, invitándonos a compartir y saborear uno de los placeres argentinos por excelencia.

Esta etiqueta tiene un precio sugerido de $138

• Una "escapada"
Una opción para quienes quieren disfrutar de la tranquilidad del campo sin alejarse de la ciudad son los countries, quintas y barrios cerrados.

Realizar actividades deportivas, nadar en el agua cristalina de las piscinas, juntarse con amigos o simplemente pasar un día en familia, disfrutando de las risas de los chicos que corren y se divierten junto a ellos, son algunas de las experiencias que eligen quienes optan por este tipo de veraneo.

Luego de una jornada de calor y sol intenso repleto de actividades, una buena opción será sentarse a la mesa a compartir un sabroso plato de pastas. De rápida elaboración y con infinitas posibilidades de ser preparado, será la cena ideal para recargar las energías para el nuevo día que está por llegar.

Allí, no habrá mejor invitado de honor que el Infinitus Barrel Selection Cabernet Sauvignon. De color rojo intenso, encantadores aromas de frutos rojos, con toques de vainilla y chocolate, es el vino ideal para acompañar platos elaborados, pastas y quesos.

Esta etiqueta de la bodega Infinitus tiene un precio sugerido de $85.

• Un final "ideal"
Cada una de estas propuestas puede tener un merecido cierre brindando con un espumante Rosa de los Vientos de Bodega Familia Schroeder.

De un llamativo color rosa, aromas a frutas y levaduras, posee muy finas e intensas burbujas, que le aportarán ese toque especial a un momento inolvidable.

El mismo se consigue a un precio sugerido de $87.


Fuente: http://vinos.iprofesional.com

La verdadera influencia del origen


Fabricio Portelli opina que el origen de un vino no debe ser interpretado únicamente como sinónimo de calidad, sino que ejerce un poder mayor, ligado a las costumbres y preferencias de los consumidores.


No hace falta entrar de lleno al mundo del vino o ser un enófilo para aprenderse de memoria la máxima que dice que los mejores vinos vienen de Francia, o del Viejo Mundo, en referencia a Italia y España específicamente. Y si bien acá no estoy hablando de hacer un juicio de valor cualitativo comparando esos vinos con los nuestros o los del Nuevo Mundo, debo reconocer que el origen del vino tira; y está bien que sea así.
Por un lado, está la historia, irrefutable y principal generadora de experiencia; algo que en vitivinicultura es esencial. Pero también es importante en el consumo ya que muchos de los parámetros a los cuales se aferra el consumidor nacieron del marketing, y la clasificación de los Grands Crus Classés de 1855 es uno de los mejores ejemplos. Hechos como éste, o como el famoso juicio de París de 1976, encabezado por Steven Spurrier e inmortalizado en la película Bottle Shock, no hacen más que inflar el mito. Claro que hay una infinidad de vinos que son reales, como lo fue la degustación que coronó al Chardonnay de Napa Valley Chateau Montelena por encima de los mejores Grands Crus de la Borgoña. Son cientos de miles los vinos que giran por el mundo y siguen conquistando paladares.
Esas etiquetas, más allá de la diversidad que suponen, están promoviendo principalmente una diferencia sustancial: su lugar de origen. Porque se sabe que la cosecha, que las variedades, que la vinificación, que la bodega y que una larga lista de etcéteras también hacen de la diferenciación uno de los mayores atractivos de esta bebida. Pero volvamos al análisis profundo del origen para ver si descubrimos hasta dónde influye. Dejando de lado la calidad, suponiendo que está fuera de discusión, llegamos al significado. Es decir, qué significa ese vino para nosotros. Pero tampoco me quiero meter con eso porque ya lo hice (ver editorial El Conocedor 78). Esta vez quiero ir más profundo, o mejor dicho, indagar más sobre lo subjetivo.
Como todos, entiendo que muchas veces la imaginación juega un papel fundamental, sobre todo el de agrandar las cosas. En el caso de los vinos, el mito se agiganta con cada frase escuchada o leída sobre tal o cual famoso vino del mundo. Algo que nuestra sed de enófilos multiplica y automáticamente surge el deseo casi desesperado de degustar ese vino, cueste lo que cueste. Por suerte, se trata de un momento pasajero y nuestra vida continúa, rodeada de los vinos de siempre. Pero es cierto que algo de eso queda en nuestra memoria y que por más que podamos disfrutar buenos vinos argentinos a diario, será muy difícil desterrar a los otros de nuestras mentes.
Sin embargo, cuando se tiene la posibilidad de deleitarse con los vinos del mundo, incluso muchos de ellos en su entorno, el panorama se aclara y las dudas se despejan, de la misma manera que la acidez firme de un Sauvignon Blanc o los taninos incipientes de un Cabernet limpian el paladar. ¿Y saben qué?, es tranquilizador porque hay algo que nunca va a cambiar. Por más que la calidad de los blancos y tintos de Bordeaux sea indiscutible, o el Champagne imbatible, o la elegancia y austeridad de los Borgoña inigualable, o los buenos Chianti incomparables, o los tintos del Piamonte únicos, como los de Rioja o los de Ribera del Duero, o los Shiraz australianos y los kiwi Sauvignon Blanc (neozelandeses) impactantes, o los Pinotage sudafricanos sorprendentes… estamos acostumbrados a nuestros vinos. Al Malbec con toda su generosidad frutal, al Torrontés con todos sus ímpetus, y a todos los demás bancos y tintos nacionales generalmente amables, generosos y expresivos de nuestros terruños.

Claro que esto no significa que seamos ignorantes, sino más bien es consecuencia del trabajo que se viene haciendo en los últimos diez años y gracias al cual gozamos de una gran cantidad de vinos de excelente calidad. Y son ellos los que moldean nuestro paladar, los verdaderos generadores de nuestros gustos y placeres. A fin de cuentas, voy a tener que darle la razón a Miguel Brascó y a su insistencia sobre el paladar genético. Porque si bien él se refería a otros vinos y a otros tiempos, yo creo que ahora nos pasa lo mismo. Nuestras costumbres, en este caso, vinos, se han convertido en nuestras preferencias. A esto yo lo llamo la verdadera influencia del origen.


Fuente:
http://www.elconocedor.com

Nunca digas nunca antes


Muchos de los que aseguran que en la Argentina de antaño no se producían vinos de alta gama, se sorprenderían al enterarse que las variedades finas predominaban en las fincas argentinas.


Hace poco, durante una degustación a la que asistí junto a un reducido grupo de colegas y demás personajes del sector, se planteó un breve contrapunto de opiniones que dio lugar a la idea de escribir sobre el tema que sigue. Ocurrió que, en determinado momento, por una derivación temática ajena al tema central de la cata, alguien mencionó que “en 1995 aparecieron los primeros vinos argentinos de alta gama”. Fue entonces cuando me permití observar que tal afirmación, aunque dicha de muy buena fe, era marcadamente errónea. Acto seguido agregué un par de datos para argumentar con solidez mi punto de vista, para lo cual tuve que recurrir a un tema que siempre me gusta transitar y del que se sabe tan poco: la historia olvidada de la vitivinicultura nacional.
En nuestros días, la investigación histórica vive el momento menos alentador que yo recuerde. El Bicentenario fue un breve período en el que el pasado de los argentinos pareció volver a ser un tema de interés masivo, pero lo fugaz de la celebración y la poca seriedad de muchas “recopilaciones” sobre la historia de nuestro país (casi siempre teñidas de un molesto tinte político) echaron a perder su mayor utilidad, que es el aprendizaje de los acontecimientos capaces de explicar quiénes somos y por qué somos lo que somos. Del mismo modo, el ayer de los vinos patrios se encuentra inmerso en una bruma que casi nadie se atreve a disipar, y no porque falten testimonios incontrovertibles sobre ello, puesto que existen por centenares. Sólo hace falta tomarse el trabajo de salir a buscarlos.
El estereotipo más difundido acerca de lo ocurrido en materia de vinos argentinos desde 1990 hacia atrás se reduce siempre a la siguiente y tremebunda simplificación: una industria gigante, masificada, carente de toda noción de calidad, enmarcada entre bodegas sucias y viñedos que sólo pretendían producir la mayor cantidad de uva posible. Si bien es cierto que tal imagen puede ser aplicable al período comprendido entre 1940 y 1990 (aunque hilando un poco más fino se puede comprobar que ésa no era toda la verdad), resulta completamente inadecuada si seguimos retrocediendo en el tiempo y nos trasladamos a las primeras cuatro décadas del siglo XX. Muchos de los que aseguran que en la Argentina de antaño no se producían vinos de alta gama se sorprenderían al enterarse que las variedades finas predominaban fuertemente y las bodegas tenían toda la tecnología de su tiempo para vinificar con los mismos parámetros que se aplicaban en las regiones europeas más renombradas. Como reflejo de ello, numerosas etiquetas ganaban medallas en ferias y exposiciones internacionales. Otros acontecimientos foráneos, como el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, obligaron a una rápida sustitución de importaciones vinícolas que fortaleció el concepto de vino noble existente desde fines de la década de 1880. Por supuesto que también había vinos malos y problemas de fraude (en especial durante el transporte y la comercialización en barricas), pero todos sabemos que los procederes delictivos no han sido patrimonio exclusivo de esa época. Sin ir más lejos, ayer nomás, en 1993, varios argentinos murieron por consumir vino adulterado.
La distorsión de nuestro pasado vitivinícola más lejano induce a ignorar que el presente reconocimiento mundial no fue causado exclusivamente por la visión privilegiada de tal o cual bodeguero o consultor internacional. Bien al contrario, las personas de hoy lograron recoger aquello que tenían del pasado para hacerlo adaptable a los requerimientos contemporáneos, porque el Malbec ya estaba plantado en Mendoza, al igual que el Torrontés en Salta y el Pinot Noir en la Patagonia, y no por casualidad. Hace cien años se tenía la absoluta certeza de que cada una de las variedades citadas se daba mejor en cierta región particular, como claramente lo señalan infinidad de relatos, testimonios y documentos oficiales. Si el vino argentino no fue un boom de exportaciones hasta hace poco fue simplemente porque ningún país del Nuevo Mundo podía acceder a semejante privilegio. Recién en los últimos treinta años el fenómeno de los vinos no europeos se hizo tan global como lo conocemos hoy. Por eso, creer que en estas tierras sólo hubo grandes vinos en la última década y media es desconocer una enorme parte de la realidad.

Una anécdota final: tres bodegas argentinas, en diferentes ocasiones, me han asegurado que fueron las primeras en lanzar vinos varietales al mercado argentino con la mención explícita del cepaje en la etiqueta. La que se remonta más atrás señala el año 1968 como fecha de ese acontecimiento. Seguramente, ninguna de ellas sabe que en 1898 se vendía un vino nacional muy popular con el rótulo de Malbeck. Y, aunque por el momento no puedo probarlo de manera fehaciente, hay indicios de que era un varietal tan puro como los ejemplares actuales más prestigiosos.


Fuente: http://www.elconocedor.com

Yellow tail: una marca vale un mundo


Yellow tail: una marca vale un mundo

La marca es clave para reconocer a un producto. En el mundo del vino, se destaca la historia de la australiana Yellow Tail, basada en un canguro con mucha identidad.



Cuando queremos un vino, lo reconocemos por su nombre, la marca. Pero de todas las industrias del mundo, no puede haber otra con tantas marcas como el vino, que dedica tanta creatividad, dinero y tiempo para lanzar cada vez más marcas, más etiquetas, más cuentos para distinguir un vino de la botella vecina. ¿Y si toda esta creatividad fuera un error y sembrara confusión?
La marca más valiosa del mundo en 2011 acaba de ser anunciada. Apple tomó el primer puesto, desplazando a Google, con un valor de US$ 153 mil millones. Basada en datos de dos millones de personas en 30 países, la encuesta de Millward Brown produce el ranking anual de las 100 marcas globales de mayor valor. Entre las 100 no hay una sola marca de vino.
Nadie sabe cuántas marcas de vino existen. Proliferan sin parar compitiendo entre sí. Hay por lo menos diez mil, analizadas por la consultora Intangible Business. Entre las diez mil marcas más reconocidas de espirituosas y vinos, ellos seleccionan las Power 100. Dominan los vodkas, los whiskies y los cognacs. Entre los vinos, lidera Moët y Chandon, puesto 16, seguido por Gallo, de Estados Unidos, en el 17.
En tercer lugar, nos podemos enorgullecer de nuestros hermanos chilenos. Concha y Toro es la tercera marca mundial de vinos. Sin contar Torres, de España, todas las otras marcas dominantes son norteamericanas o australianas. Entre los hermanos canguros, Yellow Tail, Hardy’s, Jacob’s Creek, Lindeman’s, Wolf Blass y Penfolds. Y entre los hermanos gringos, Robert Mondavi, Behringer, Kendall Jackson, Inglenook y Sutter Home.

Entre las Power 100, la marca más joven de vinos es Yellow Tail, o cola amarilla, que apenas cumple diez años desde que se lanzó y ahora vende 144 millones de botellas al año con la insignia del canguro con la cola amarilla. Son vinos agradables, frutados, sin pretensiones de grandeza y con precios amistosos. Yellow Tail es el canguro que conquistó al mundo con una imagen divertida y una publicidad que nada tenía que ver con el vino. Es un logro del marketing australiano, de la familia Casella, originalmente sicilianos. El cuento del primer vino argentino que conquistará al mundo como marca Power 100 todavía se está escribiendo. Será una historia escrita con la ambición de vender millones de botellas. Pero un pueblo individualista como el nuestro bien podría seguir volcando su creatividad en cientos o miles de marcas. Algunas marcas serán vinos de terruño de tiradas pequeñas; otras serán por el placer de inventar otra etiqueta, otro nombre, otro cuento. Sin olvidar que cuando encontramos un vino conocido, lo reconocemos como un viejo amigo que nos acompañó alguna vez. Un amigo al que siempre le vamos a ser fieles: una marca vale un mundo de recuerdos.


Fuente: http://www.elconocedor.com

Vinos recomendados: cinco nuevas añadas que no hay que dejar de probar en 2012


En el último tramo de 2011, en el mercado hubo una catarata de lanzamientos, dado que las bodegas querían comenzar el 2012 de estreno, con varias novedades en sus portfolios.

En este contexto, Vinos & Bodegas testeó diversas etiquetas hasta dar con un abanico de opciones muy diversas en cuanto a estilos y precios.

Así, para este Top 5 de vinos recomendados se seleccionaron blends, varietales y hasta un ícono -en un rango que va de los $60 a los $315- y que darán que hablar a lo largo del año. A tomar nota...

Sur de los Andes Bonarda Reserva 2009 - Bodega Sur de los Andes: $66





A esta altura, de la mano de Pablo Durigutti, esta bodega exhibe una suerte de sello de garantía a la hora de elaborar Bonarda. Y esta nueva añada lo ratifica. En nariz muestra una agradable y rica fruta, con ciruelas rojas al frente, secundada por el aporte esperable de la madera: notas de vainilla con cierto fondo "chocolatoso". En boca es sumamente elegante y equilibrado, sin aristas. Fragante pero a la vez carnoso, con una madera impecablemente integrada y un final rico donde se potencia esa fruta del comienzo. Más que listo para beber y disfrutar. En el exterior, los gurúes piden a gritos un ladero para el Malbec y la Bonarda con sello argentino, con buenos ejemplares como este, está llamada a ocupar ese lugar.



Martino Reserva Malbec 2010 - Fincas Don Martino - Precio sugerido: $69



Lindo ejemplar de la relanzada bodega mendocina que elabora este Malbec a partir de viñedos ubicados en Luján de Cuyo. En nariz, al principio se muestra directo, con buena fruta, que va de la ciruela a las frambuesas. Paralelamente, salta la cuota justa de vainilla dulzona y agradable aportada por la madera. Ya en boca se muestra jugoso, con cierta "carnosidad" y taninos firmes, pero sin perder elegancia, rematado por un final intenso pero de persistencia media. Es un vino que vas a poder beber y disfrutar ahora aunque recomendamos guardarlo unos seis meses más hasta que vaya encontrando su plenitud. Detalle a mejorar para el segmento reserva: el corcho negro.



Clos de los Siete 2009 - Clos de los Siete - Precio sugerido: $90



Una de las virtudes del señor Rolland es lograr resaltar y potenciar aquellos descriptores que marcan el pulso de la tipicidad de una variedad. Su Sauvignon Blanc, por ejemplo, tiene la ruda como en ningún otro ejemplar que hayamos probado. Y en este complejo blend tinto , de cinco variedades, hay una amalgama prolija, con distintas capas de aromas que permite "deconstruir" este vino y palpar cada una de las cepas que lo componen: hay frutas rojas y negras, pero también pinceladas mentoladas, pimienta blanca y un touch de pirazina muy leve y sutil. Engañosamente simple, ciertamente complejo. En boca es jugoso, sin resignar estructura, y se percibe algún dejo ahumado tras su paso por barrica.



Melipal Nazarenas Vineyard Malbec 2007 - Bodega Melipal - Precio sugerido: $200



Añada a añada, esta bodega muestra consistencia y nunca defrauda. Aplaudimos esta etiqueta ya que revaloriza el verdadero valor de la palabra "reserva", concepto que muchas veces se lee y no se cumple, si bien ahora la bodega está optando por destacar en la etiqueta su gran "joyita": un viñedo de casi 90 años de antigüedad. En nariz es de esos Malbec que hay que ir descifrando con tiempo. Y aquí el concepto de lo que se conoce como "bouquet" también cobra sentido: hay fruta, pero la amalgama lograda con la madera y su añejamiento en botella aporta notas muy sutiles y deliciosas de café, chocolate y algo de fino cuero. Al ser un 2007 su nivel de evolución está garantizado. Taninos bien trabajados y un volumen muy interesante en boca. Su final, sumamente elegante, te va a pedir otra copa.



Sophenia Synthesis The Blend 2008 - Bodega Finca Sophenia - Precio sugerido: $315



De sus notas de cata hay tanto para decir como de la fama que lo precede. Comencemos por esto último: es el ícono de la bodega y hace pocas semanas acaba de ser lanzado simultáneamente en los principales mercados mundiales. Es una etiqueta que desembarca con muchos "diplomas" a cuestas y su "arquitectura" insumió más de 500 degustaciones en bodega hasta dar con el blend justo. ¿Entonces? Vamos a sintetizarlo de la siguiente manera: sus poco más de $300 son una "inversión" garantizada. En nariz, se nota que la columna vertebral la aporta la fruta del Malbec, con notas de café que se van abriendo junto a un colchón mentolado y especiado. En boca es profundo, con una elegancia llevada a otro nivel. Dócil pero con mucha personalidad y una fruta que termina potenciándose. Final tan largo como amable. Sofisticado es la palabra que resume el concepto de este ícono. Listo para beber a lo largo de 2012 o reservarlo para la guarda hasta cuatro años más.

Como muestra de este interesante tasting -que en conjunto sumó más de $700- dejamos este testimonio visual de novedades para tener en cuenta en 2012.

Fuente: http://vinos.iprofesional.com

¿Estilo europeo o elegancia argentina?


El fenómeno conocido como globalización también está presente en el mundo del vino; sin embargo, ya es hora de dejar atrás las regiones productoras de Burdeos, Borgoña o Rioja a la hora de definir a las etiquetas locales.


Si mal no recuerdo, fue a principios de este siglo cuando numerosos comunicadores, en diferentes regiones del planeta, comenzaron a tratar el tema de la globalización en el mundo del vino. Se hablaba de la uniformidad de gustos y de la pérdida de identidad de ciertas regiones célebres que, hasta ese entonces, atesoraban el carácter generado por sus respectivas características de clima y suelo. Así, una corriente industrialista y estandarizadora parecía destinada a borrar de un plumazo las singularidades de uvas, terruños y métodos ancestrales de elaboración. Aunque ya muy transitada y vuelta a transitar por casi todo el mundillo que rodea a la más noble de las bebidas, la polémica no ha terminado del todo. Sus resabios aún se pueden escuchar en diferentes conversaciones relativas a temas enológicos, y tal vez se sigan escuchando durante muchos años. La evolución de la actividad en esta década que comienza determinará hasta dónde ha de llegar el fenómeno en cuestión, así como sus consecuencias futuras para la producción, el comercio y el consumo internacional.
Por supuesto, nuestro país no resultó ajeno a ese problema y también tuvo sus discusiones internas al respecto, matizadas por los rasgos particulares que son propios de nuestra vitivinicultura. Casi de manera lógica (si tenemos en cuenta las condiciones climáticas que reinan en los viñedos patrios), el principal foco en ese contrapunto de opiniones fue el de la concentración de los tintos, que estaba dando lugar a caldos cada vez más oscuros, pesados y alcohólicos, con una sobrecarga innecesaria y ampulosa de aromas golosos y sabores densos. Etiquetas, en definitiva, carentes de algunos atributos indispensables en todo gran vino que se precie de tal: equilibrio, frescura y complejidad.
Pero como ocurre siempre con las corrientes de moda, hubo un debido tiempo para la contracorriente. El último quinquenio vio surgir una nutrida gama de enólogos, bodegueros y consumidores dispuestos a defender los valores que le otorgan al vino su condición digerible, agradable y compatible con la comida. Apareció entonces otra generación completa de ejemplares armónicos, estilizados, amplios en aromas y sabores, que pueden beberse y disfrutarse de principio a fin sin empalagamientos, indigestiones ni dolores de cabeza.
Felizmente, este nuevo grupo logró ser casi tan numeroso como aquel que, en su momento, inundó el mercado de alta gama con productos renegridos y condensados. Tanto es así que quien suscribe se ha visto sorprendido en los últimos tiempos al recorrer un par de ferias y encontrar algunos casos particulares verdaderamente notables, no tanto por su sola condición de elegancia (atributo logrado por un número ya importante de etiquetas), sino por esos matices terrosos y minerales que hasta hace poco parecían casi imposibles de lograr en estas latitudes. Y lo dicho no se reduce solamente a los tintos ya que lo propio se puede descubrir en un par de blancos que están dando mucho que hablar entre los paladares inteligentes.
Ahora bien, lo que parece ser un final feliz para el tema de la “neoconcentración”, al menos por ahora, resulta asimismo una oportunidad para volcar una serie de reflexiones personales a la consideración de los lectores. A lo largo de casi dos décadas y en incontables ocasiones periodísticas, he dado en rotular ese tipo de vinos como “muy europeos” o de “estilo europeo”. Y lo hice a falta de otro término que definiera mejor el perfil recién señalado, hasta entonces tan poco numeroso entre la producción nacional.
Era, a mi criterio, el modo más adecuado de hacer alusión a algo familiar en el mundo del vino, a una analogía accesible para cualquier aficionado conocedor con un entendimiento promedio. Debo confesar, con no poca satisfacción, que el término “estilo europeo” para definir los vinos argentinos basados en la elegancia, la complejidad y el equilibrio comienza a resultarme fuera de época, casi como un verdadero anacronismo.
A esta altura resulta evidente que existen suficientes etiquetas vernáculas con tales características como para hacer referencia a un estilo propio, local, sin necesidad de utilizar comparaciones de ultramar. Se acabaron para mí los vinos del país que recuerdan a Burdeos, a Borgoña o a Rioja.

No digo que nunca más volveré a escribirlo, porque la costumbre de años puede llegar a traicionar mi subconsciente, pero puedo asegurar que haré todo lo posible para abandonar aquel modismo literario que me acompañó durante tanto tiempo. Creo sinceramente que nuestros vinos hacen que valga la pena el esfuerzo. Ya no más “estilo europeo”; ahora hablaré de “elegancia argentina”.


Fuente: http://www.elconocedor.com

Malbec blends, un concepto que se afianza


Malbec blends, un concepto que se afianza

Mientras muchos se preocupan por encontrar al sucesor de nuestro cepaje emblema, otros siguen trabajando firme en su desarrollo varietal y en la búsqueda de los microterruños más adecuados para que se exprese en plenitud. De acuerdo con estos avances, hoy existe la posibilidad de profundizar en un concepto hasta ahora poco ensayado: seguir explotando el Malbec, pero acompañado de otros varietales que lo potencien y así continuar con su expansión.



Nadie puede negar que el vino es un negocio y que, como tal, necesita del marketing. Es por ello que los conceptos, estrategias y tácticas van y vienen, y se replican o se cajonean según sus impactos y resultados. Pero esto no implica para nada una pérdida del glamour que rodea a esta noble bebida, porque de no haber sido por el gran éxito del negocio, hoy no tendríamos a disposición tamaña y atractiva oferta. Por lo tanto, hay que valorar la parte industrial y la comercial del asunto ya que también son responsables del placer que genera cada copa.
Quizás el auge del consumo en los últimos años nos ha expuesto a demasiados mensajes y, evidentemente, muchos de ellos surtieron efecto. Sin embargo, otros quedaron en el camino. Y aunque todos los días se suman nuevos conocedores a este fascinante mundo y nadie es quien para decir qué nos tiene que gustar, hay que reconocer que tener información sirve para elegir más fácilmente. En la actualidad, sin dudas, el Malbec es el gran protagonista: un vino que nos identifica, un tinto (pero también rosado, espumante y fortificado) por el que podemos ostentar un justificado orgullo y que, además, nos ha permitido hablar de igual a igual con los otros productores del mundo.
Para muchos, con el Malbec estamos en plena etapa de las vacas lecheras (expresión marketinera para describir el mejor momento del negocio) y, como dicen los libros, ya es hora de ir buscando una estrategia para amortiguar la decaída que siempre llega luego de un impacto novedoso. Sin embargo, para otros la historia recién comienza y todavía queda mucho camino por recorrer. Son estos mismos profesionales los que marcan el rumbo y, por suerte, hoy se preocupan más por lograr un Malbec único que por encontrar un varietal que lo suceda. Mientras tanto, se pueden hacer muchas cosas para estirar este gran momento y aportarle prestigio al gran Malbec argentino.

En la mezcla está el secreto
Estoy convencido de que el vino nace en el viñedo y es por eso que creo que desde allí procederán sus atributos diferenciales, obviamente traducidos enológicamente por los profesionales que lo elaboran. Sin embargo, la industria –esa entidad enorme a la cual le cuesta dar golpes de timón– se ha concentrado mucho más en el poder penetrante de los varietales. Esto quiere decir que, emulando el modelo estadounidense, puso el énfasis en las distintas uvas que componen cada etiqueta. Y aunque es verídico que esto también forma parte de la historia, no debió ser lo más importante. Lo relevante debería haber sido el vino, lo que marca indiscutiblemente la diferencia, y para conseguirla, el secreto es lograr una identidad vínica definida mucho más que por un cepaje, por el terruño. Es como si la uva fuese el nombre y el suelo del cual proviene el apellido, el responsable del gen. Y hacia allá vamos.
Luego de entender que con el nombre solo no alcanza y comprender que este negocio requiere de mucha paciencia, los trabajos más serios están enfocados hoy en alcanzar la tipificación de acuerdo con un microterruño específico. Al fin de cuentas, quisimos separarnos de los conceptos del Viejo Mundo y encolumnarnos con el grupo moderno, pero para lograr nuestros grandes vinos tuvimos que recurrir nuevamente a las fuentes.
Pero volvamos al tema de los varietales y su impacto efímero. El Malbec gana porque sus atributos son tan fáciles de expresar en una botella como de ser apreciados en una copa. Pero qué pasó con esa diversidad que hasta hace poco nos invadía de la mano de los bi, los tri y hasta los pentavarietales. Nada, eso pasó. Fue una moda pasajera que no se arraigó en el consumidor. ¿El motivo? Simple, no se trata de hacer cantidad sino calidad con atributos diferenciales perceptibles. Y esto no se logra cambiando el cepaje, sino con un trabajo más profundo.
Mientras los que saben continúan con el desarrollo de nuestro gran Malbec, se puede trabajar en un concepto más sólido y convincente: el Malbec blend, vinos elaborados a base de nuestro cepaje emblema en los que las variedades que acompañan lo hagan en función de éste.
Es cierto que ya existen muchos vinos elaborados de esta manera, pero ninguno que potencie el concepto. Están los que indican las proporciones exactas de los cepajes que acompañan al Malbec, pero esto inevitablemente sólo hace pensar en una mezcla de vinos. Hay otros que con sus nombres de fantasía buscan ganarse el corazón y el paladar de la gente detallando en las contraetiquetas las variedades que lo componen. En ambos casos, ninguno comunica con intensidad que el blend potencia nuestro cepaje estrella.

Me gustaría ver cómo este concepto se adueña de las góndolas ya que, además, se basa en esa máxima enológica que afirma que a través del assemblage, el enólogo (artista) logra plasmar su mejor obra (vino). Por lo pronto, hay muchos vinos (sólo tintos por ahora) que aseguran un futuro exitoso para los Malbec blends.


Fuente: http://www.elconocedor.com

Vinos cosecha 2011: 9 recomendados


Vinos cosecha 2011: 9 recomendados

Frescos, frutales y de gran relación precio calidad. Vinos jóvenes para comprar hoy y beber mañana. Te sugerimos una opción para cada varietal.

El año que pasó, además de dejarnos ver al Barcelona con un imparable Messi ganando todo, nos entregó algunos vinos que son un golazo. Queda sobreentendido que hablamos de vinos jóvenes, vinos que nacen para ser tomados casi sin tocar la góndola.

Años atrás se los miraba de reojo, pero hoy ganan cada vez más adeptos por ser frescos y bien aromáticos, con sabores naturales, además de tener una buena relación precio calidad. A continuación, hablamos de cepas, marcas y colores.

Un Cabernet Sauvignon: Varietales Jóvenes Norton Cabernet Sauvignon 2011 ($22)
En Bodegas Norton nace este ejemplar con el clásico color rojo rubí que caracteriza a esta cepa, fragancia a moras, ciruelas y algo de cassis. En boca tiene un final largo, ideal para acompañar pastas con salsas bien pulentas.

Un Syrah: Santa Julia Varietales Syrah 2011 ($23)
Proveniente de otra Santa, en este caso Rosa, se trata de un mendocino color rojo-violeta, con notas en nariz a ciruelas y moras maduras, pasas de uva, higos secos y mermeladas de frutas rojas. Los taninos son dulces y prolongados en la boca, así que si tenés algún amigo cazador de ciervos, mandate con este vino de la Familia Zuccardi, que vas a quedar bien.

Un Syrah Rosado: Valbona Syrah Rosé 2011 ($25)
La Familia Pulenta, bodega que está por recibirse de centenaria, creó este vino con la idea de que mostrara las características de la tierra de San Juan. Refinado y fresco, su color es rojo ladrillo, huele a frutillas y guindas, y ideal para pasarla bien en la pileta de una quinta.

Un Sauvignon Blanc: Portillo Sauvignon Blanc 2011 ($25)
La añada, los tonos dorados y un característico aroma que combina pomelo rosado y ruda, logran un vino fresco y con buena acidez, ideal para beber a 10°C. De Bodegas Salentein, es una gran opción para olvidarnos del champagne al comer pizza.

Un Merlot: Marcus Merlot 2011 de Humberto Canale ($30)
Oriundo del sur en Río Negro, siempre dio que hablar, ¿por qué no habría de hacerlo también en el 2011? De media intensidad, color rojo granate con algo de violeta, sus aromas recuerdan a cerezas, ciruelas y ahumados. La persistencia en boca es media tirando a baja. Grandioso para acompañar un conejo.

Un Malbec: Emilia Nieto Senetiner Malbec 2011 ($32)
El nuevo caballito de batalla de la reconocida bodega se presenta con color granate intenso (los amigos de Lanús, chochos) y aroma a ciruelas maduras con taninos suaves; muy bueno para “bajar” un buen asado.

Un corte blanco: Amalaya Corte Blanco 2011 ($38)
El 90% es de uva Torrontés y el 10% restante de Riesling (cepa blanca alemana, si dudan googléenlo). De la Bodega Amalaya en los Valles Calchaquíes, ahí bien alto, una de las más altas del mundo. Tiene notas florales y de cítricos maduros, buena estructura y una acidez integrada. Funciona muy bien para acompañar comida árabe.

Un Chardonnay: Killka Chardonnay 2011 ($40)
Esta es una de esas marcas que pintan para transformarse en clásico. De Bodegas Salentein, se produce en el Valle de Uco, Mendoza, y se trata de un vino color verdoso con reflejos color oro, fragancia a frutas blancas como manzana verde y peras, sumado al toque de vainilla y miel que le dan su paso por madera. Mineral y cítrico, suave y con buena acidez en boca. Excelente para unos fideos con crema.

Un Malbec Rosado: CarinaE Malbec Rosado 2011 ($45)

Con uvas de Perdriel, Luján de Cuyo y Cruz de Piedra (Maipú), Mendoza, la Bodega CarinaE nos entrega este ejemplar que funciona muy bien como aperitivo en una tarde soleada o para acompañar una paella. Vale decir que este vino fue supervisado por el equipo de Michel Rolland.


Fuente: http://www.planetajoy.com

Cinco de los mejores Sauvignon Blanc para tener en casa y palpitar el verano


Cinco de los mejores Sauvignon Blanc para tener en casa y palpitar el verano

Esta variedad de uva blanca alumbra algunos de los vinos más frescos del mercado. En este Top 5, etiquetas idales para disfrutar en noches calurosas


Una frappera y un buen Sauvignon Blanc... ¿alguna mejor manera para pasar una buena noche de verano?

Esta variedad blanca, sinónimo de la zona francesa de Burdeos, también desde hace años viene alumbrando buenos ejemplares en países productores del Nuevo Mundo como Nueva Zelanda, Chile y, por supuesto, la Argentina.

En todos los segmentos, los más altos y los más bajos, se pueden encontrar todo tipo de opciones, de mayor o menor calidad.

Por eso, para este Top 5, desde Vinos & Bodegas definimos un seleccionado con etiquetas que van de los $38 a los $100, de muy diferentes estilos entre sí y que no fallan.


• Séptima Sauvignon Blanc 2011 - Bodega Séptima - Precio Sugerido: $40






Interesante exponente de esta reconocida bodega mendocina. En nariz, muestra un refrescante y voluptuoso abanico de notas que van de la ruda típica, pasando por toques florales y algo de cítrico. Excelente acidez y muy buen volumen. Claramente es de los Sauvignon Blanc más frescos que se pueden encontrar en el mercado. Una buena selección de piezas de sushi, con su característico bombardeo de sabores, tiene un compañero ideal en este vino que expresa su carácter de punta a punta.

• Vuelá Sauvignon Blanc 2010 - Bodega Lurton - Precio sugerido: $38





Si bien en estos momentos ya se puede encontrar en el mercado la nueva añada, si te topás con un 2010, no lo dejes ir. Es un Sauvignon Blanc bastante más sobrio que el resto de los exponentes analizados pero muy elegante. En nariz exhibe su característico aroma a ruda, pero sin ninguna estridencia, acompañado por un delgado telón de fondo de notas de manzanas verdes y algo de pomelo. En boca tiene una intensidad media, buena acidez y una atractiva untuosidad, dada por su crianza sobre lías. A la hora del maridaje no pudimos resistirnos y fuimos con un infaltable: ceviche con perejil picado y jugo de limón. ¡Clásico!



• Mariflor Sauvignon Blanc 2011 -Bodega Michel Rolland - Precio sugerido: $96







No lo ocultamos: tenemos una especial debilidad por este Sauvignon Blanc elaborado por este reconocido winemaker. Esta añada respeta a rajatabla el espíritu de la tipicidad que se espera este varietal: intenso, penetrante en nariz, con una definición de manual de lo que se debe entender por notas de ruda, acompañado por un colchón cítrico muy atractivo. En boca se muestra sumamente fresco, con una muy linda acidez. Esta etiqueta es una clara muestra del gran potencial del Valle de Uco a la hora de producir esta variedad. Los casi $100 sugeridos los valen. Ideal para disfrutar solo y que el vino sea el protagonista. A lo sumo, acompañar con una buena selección de quesos, que incluya un gruyere picantito y uno de cabra.

• Malma Finca La Papay Sauvignon Blanc 2011 - Bodega NQN - Precio sugerido: $39,90




Excelente ejemplar patagónico, que se revela intenso en nariz, con una ruda que queda muy en segundo plano frente a un fresquísimo pomelo rosado que se roba el protagonismo, acompañado por algunas notas de lima. Está claro que en esta etiqueta lo cítrico manda. Este es un anticipo de lo que luego vas a encontrar en boca: un Sauvignon Blanc con excelente acidez y un final agradable, que se evapora más o menos al instante y te va a dejar con ganas de más, como sucede con los buenos exponentes de esta variedad. Ideal para acompañar platos a base de pescado. Y si es graso, mejor.



• Viña Las Perdices Sauvignon Blanc 2011 - Bodega Viña Las Perdices - Precio sugerido: $50





Es una etiqueta que se define por la suma de sutilezas: en nariz no es de esos Sauvignon Blanc voluptuosos. Están las notas de cítricos, pero sin estridencias. Está también presente ese toque de frutas tropicales típico de la variedad, pero equilibrado. Y es un vino armonioso también en boca, con un buen volumen y el nivel de acidez suficiente. Lindo final, elegante. Sus atributos lo posicionan como una opción más que atractiva en el segmento de precios en el que compite. Este Sauvignon Blanc armonioso podría disfrutarse muy bien con una ensalada de camarones, palta, rúcula y aceite de oliva. Simple y efectivo.



Fuente: iprofesional.com

El valor de la etiqueta


La etiqueta es la tarjeta de presentación de un vino y uno de los factores principales para diferenciarse en las góndolas. El diseño y la información desempeñan un papel estratégico y pueden llegar a definir una venta.


Para los enófilos más avezados, la etiqueta es sólo un elemento externo que no determina por sí solo la calidad del líquido que está dentro de la botella, y mucho menos justifica su precio. Pero el porcentaje de este tipo de público conocedor y bien informado es, dentro del total de compradores potenciales, realmente muy bajo. La inmensa mayoría de la gente no dispone de los elementos de juicio ni de la experiencia suficiente como para saber de manera más o menos efectiva si tal o cual bodega produce vinos que se adapten a su gusto o a sus necesidades particulares del momento.
Por lo tanto, los rótulos que acompañan de manera eventual o constante los envases (etiquetas, contraetiquetas, collarines, marbetes, etcétera) siguen siendo el único modo de informarse acerca de las bondades del producto. De hecho, junto con el diseño del packaging y su valor estético, constituyen un factor clave, absolutamente trascendental, definitivamente decisivo a la hora de vender una botella de vino.
No cabe ninguna duda de que los datos proporcionados hoy en día por los productores son mucho más completos y útiles que sus similares de hace veinte o treinta años. Pero creo que todavía no se ha llegado a un consenso medianamente sólido dentro de la industria sobre la necesidad imperiosa de avanzar en ese tipo de información, tal vez porque no se toma en cuenta la verdadera envergadura que tiene. Y ello, a su vez, ocurre por el simple hecho de que nadie se pone en el lugar de ese anónimo individuo que llega a la góndola con muchas ganas, con grandes expectativas, con todo el sano ímpetu del entusiasta, pero sin la menor idea respecto a los factores que inciden en el estilo, en la calidad o en las características diferenciales del artículo que va a adquirir. Así, el consumidor bisoño sólo dispone de dos maneras certeras que lo pueden ayudar: una es el asesoramiento personalizado y otra es la observación atenta de las etiquetas. La primera puede considerarse eventual (no siempre está disponible), medianamente confiable (no siempre resulta profesional y de buena fe) y ajena a cualquier tipo de reglamentación que la regule. La segunda, en cambio, es constante y está atada a ciertas leyes que obligan a exhibir un puñado de datos elementales, como el alcohol, el azúcar (en los casos pertinentes), el contenido del envase, el código del establecimiento vinificador, su domicilio y el número de análisis efectuado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Desde luego, todos ellos sólo tienen por objetivo cumplir con las normas establecidas y difícilmente determinan la elección final de compra. Siguiendo este razonamiento incontrovertible, porque es una simple realidad, considero un verdadero error no proporcionar la mayor cantidad posible de elementos informativos en las etiquetas.

Es cierto que muchas bodegas lo hacen, pero se trata de las menos. En la mayoría de los casos, la información de los envases sólo se reduce a los datos obligatorios y a escuetos, poco creíbles y mal redactados mensajes de afectada sonoridad lírica, poética o histórica. ¿Cómo no ven las empresas del ramo esa enorme oportunidad de hacerse conocer sin costo alguno, ya que de todos modos siempre tendrán que poner un rótulo en las botellas, más grande o más chico? ¿Por qué motivo no abundar allí en datos tan útiles y tan difíciles de difundir por otros medios? ¿Para qué brindar tanta información a la prensa especializada y no hacer lo mismo en los propios envases? ¿Saben acaso las bodegas a cuántos miles de consumidores les gusta, o al menos les interesa, saber algo más sobre el vino que tienen en su copa, sobre la composición varietal exacta, las características de los viñedos, las particularidades de la elaboración, los tiempos de crianza y las sugerencias de servicio referidas a temperaturas, aireación, maridajes y demás? ¿Acaso nadie se dio cuenta todavía de que la etiqueta es el único medio que tiene el 90% (mínimo) del público de acceder a esa información? ¿Y de que muchísima gente, más de la que muchos creen, se toma su tiempo en la misma góndola para observar y leer lo que dicen las botellas antes de decidir su compra? Cada día escucho más quejas provenientes de las bodegas medianas y pequeñas respecto a la competencia desleal, a la imposibilidad de pelear con las más grandes y a la lucha casi caníbal por encontrar nichos. Creo que las etiquetas bien informativas son un modo sencillo de mejorar, al menos en parte, esa situación. Incluso me animo a pronosticar que muy pronto se volverán una necesidad imperiosa frente a esa especie de torre de Babel en que se ha convertido el mercado de vinos argentinos.


Fuente: http://www.elconocedor.com

El nuevo blend de Bodegas Funckenhausen


La bodega de capitales alemanes presentó un corte de Malbec, Syrah y Cabernet Sauvignon proveniente de San Rafael, Mendoza.


La Espera Blend Kurt Heinlein 2008 es el nombre del flamante corte de 50% Malbec, 30% Syrah y 20% Cabernet Sauvignon que Bodegas Funckenhausen lanzó al mercado en una producción limitada de 2.800 botellas. Para su elaboración, a cargo del prestigioso enólogo Mauricio Lorca, se seleccionaron las mejores uvas de 30 hectáreas de viñedos implantados en San Rafael. El nombre de este corte homenajea al fundador de la bodega, Kurt Heinlein, un empresario marítimo criado en Alemania que realizó una gran inversión en una de las mejores fincas de Mendoza para obtener uvas de calidad para producir y vender vinos premium en la Argentina y el mundo. Con un potencial de guarda de 15 años, el nuevo corte de Bodegas Funckenhausen ya se encuentra a la venta en vinotecas a un precio sugerido de $150.


Fuente: http://www.elconocedor.com

Un vino argentino fue el más vendido en Wine.com


Por quinto año, Wine.com publicó el Top 100 de los vinos más vendidos en su web. Esta lista está basada enteramente en las preferencias de los consumidores y no está manipulada por puntajes o menciones de críticos.

Este ranking incluye vinos que se vendieron a nivel nacional en Wine.com en los primeros 11 meses del año 2011. Mientras la mayoría de las publicaciones clasifican los vinos en base a las opiniones de sus críticos, en este caso son los clientes, quienes por medio de su voto y conforme a su paladar y bolsillo, determinan los Wine.com 100.

Durante 2011, según destaca la publicación, vio altamente reflejada la preferencia de los consumidores por vinos de California y por el Cabernet Sauvignon. “De todos modos, los consumidores también disfrutan de una excelente calidad a un muy buen precio. El precio promedio por botella aumentó comparado con el 2010, lo que muestra que el consumidor está dispuesto a pagar más por botellas coleccionables”, aseguraron desde Wine.com.

El vino más vendido por Internet es argentino

Se trata de Tilia Cabernet Sauvignon 2009, de la bodega Esmeralda, el cual fue número uno en ventas por Internet, en el Top 100 Wine.com. Además de ser uno de los vinos más recomendados y comentados en la web, recibió 91 puntos de Wine & Spirits.

De acuerdo a los datos de Wine.com, Tilia gana entre los 13.000 vinos de todo el mundo ofrecidos en el sitio, por su excelente relación calidad-precio, ya que se vende a 9 dólares. Además, los consumidores privilegian los tintos de la variedad Cabernet Sauvignon. “Se trata de un vino ligeramente floral y frutal. Proviene de viñedos ecológicos de Mendoza y es un producto con taninos marcados y suficientes para comer un asado argentino”, indica Wine.com.

Los vinos argentinos más vendidos en Wine.com

En la posición 18 se ubica Catena Malbec 2008. En 2010, la cosecha 2007 de este vino también estuvo entre los más vendidos. El producto se puede comprar a US$ 19,99. Además, los puntajes han sido un empuje para esta marca ya que en los últimos años, han sido de entre 90 y 91 puntos por parte de las revistas y críticos más importantes de Estados Unidos. Según las críticas, Catena Malbec 2008 posee un valor excepcional acorde a su calidad y es un vino que aún perdura en botella 4 o 6 años más.

En el puesto 39 y con 90 puntos en The Wine Advocate, se ubicó Crios de Susana Balbo Malbec 2009 (U$S 14.99). Desde Wine.com mencionaron que se trata de un blend de Malbec y 10% Bonarda. “Este producto se puede comprar para cualquier ocasión porque puede ser consumido en una cena de lujo o simplemente enfrente del televisor viendo una película”.

A U$S 10 y en el lugar 40, Navarro Correas Colección Privada Malbec 2008 (U$S 10.79) se ubica como uno de los mejores Malbec. “Este vino es un excelente compañero para los platos con buen contenido graso, tales como solomillo de ternera con mantequilla o salsa de crema y papas”, dice Wine.com.

En el puesto 42 se posiciona Crios de Susana Balbo Torrontés 2010 (U$S 12.99). Este vino, puntuado también por Robert Parker con 91 y 90 puntos en Internacional Wine Cellar, “posee intensos aromas que son sorprendentemente similares al Viogner, mientras que al paladar, tiene una buena estructura y acidez similar al Sauvignon Blanc”, según Wine.com. A su vez, se resalta que es un vino para disfrutar mejor cuando es joven. Es como el compañero ideal para las carnes ahumadas, con quesos no tan suaves, pescados y mariscos (especialmente sushi!)”.

En el puesto 66, a U$S 15.99 se encuentra Graffigna Centenario Reserve Malbec 2008. “En el paladar se trata de un producto muy bien integrado con delicados taninos y un complejo final en boca”, dice Wine.Com.

Punto Final Malbec Reserva 2007 de Bodega Renacer (U$S 16.79) aparece en la lista de los 100 vinos más vendidos de 2010, ocupando el puesto 67. La añada 2006 de este vino también fue una de las más vendidas de 2010 y se posiciona como uno de los vinos argentinos más reconocidos tanto para la crítica, como también para los consumidores.

Finalmente, a U$S 12.29 en el puesto 77, Belasco de Baquedano Llama Malbec 2009 fue uno de los preferidos por los clientes de Wine.com en 2011.


Fuente: http://www.areadelvino.com

Viñedos Urraca marca tendencia e impone el formato de "mini botellas"


Viñedos Urraca marca tendencia e impone el formato de "mini botellas"

La compañía mendocina se convirtió así en la primera bodega argentina en presentar sus vinos en envases de 50 ml, cada vez más difundidos en el mundo


Viñedos Urraca se convirtió en la primera bodega argentina en presentar sus vinos en formato de mini botella de 50 ml.

A raíz de esta iniciativa, Urraca se convirtió en la bodega pionera de la Argentina en lanzar su portfolio completo de vinos con el tamaño que marca tendencia en el mercado internacional.

La atracción de los consumidores, sobre todo norteamericanos, en este novedoso formato de "mini - botellas" está vinculada al hecho de ser del tamaño de la muestra para los cursos de degustaciones de vinos, lo cual posibilita contar con una medida ideal para la cata. También son requeridas por miembros del club de vinos y para realizar pruebas con el fin de conocer las diversas ofertas de vinos del mundo.

Las miniaturas vienen en exclusivas presentaciones de kits de cata en botellas de vidrio de 50 ml de vino.

Al respecto Jean-Pierre Bieri, gerente general de Urraca, sostiene que "estas presentaciones son perfectas para muestras, y su duración con las propiedades y el carácter de los vinos, es de seis meses. He comprobado que la calidad de los vinos se conserva inalterable en ese plazo".

En el mundo ya son cerca de 50 bodegas las que se lanzaron a este tipo de presentación entre los que se encuentra Viñedos Urraca desde hace cerca de un año, entre otras bodegas de Norteamérica, Europa, Australia, y Sudáfrica. El formato se produce exclusivamente en Estados Unidos para el mercado norteamericano, con una tecnología patentada originaria de Burdeos a través de la cual se extraen y transfieren los vinos desde las botellas de 750 ml a las de 50 ml.

Al respecto, Bieri señala "los especialistas de nuestra bodega, así como enólogos, han analizado las muestras para asegurar la integridad y la representación fiel de cada uno de nuestros vinos, ya que siempre estamos buscando nuevas formas de llegar a los potenciales consumidores de todo el mundo para que conozcan los vinos Urraca, que son el fruto de un proceso que comienza en las tierras de Agrelo, en Mendoza"


En una primera etapa, estas mini botellas se comercializan solo en Norteamérica, aunque Bieri adelanta que "estamos estudiando introducir esta presentación en el mercado local".

Fuente: iprofesional.com

Torrontés: sus ventajas para triunfar


Torrontés: sus ventajas para triunfar

Lento, pero a paso firme, el éxito del Malbec ya es una realidad. Ahora le toca el turno a nuestro blanco de bandera y por eso es interesante analizar todas las potencialidades que encierra, que no son pocas.



Ya es casi un hecho el incipiente furor que produce el Torrontés en los principales mercados del mundo y especialmente en los Estados Unidos, que ha pasado a ser un gran cliente de las exportaciones vinícolas argentinas. También es notorio que el consumidor global comienza a abrirse una vez más hacia los vinos blancos, lenta pero inexorablemente, en un proceso que quizás demande años, pero que no por ello resulta menos real ni concreto. Un último fenómeno viene a relacionarse con los dos señalados y es que el Malbec ha llegado a su punto culminante de éxito internacional. Tal vez (ojalá) se sostenga durante mucho tiempo, pero es poco posible que pueda seguir creciendo en la medida que lo hizo durante el último quinquenio. Y si lo hace, será a costa de una caída de su calidad y tipicidad, lo cual, a la larga, tendrá el mismo resultado final, pero de manera más rápida y nefasta para la imagen de nuestros vinos en el exterior.
Ahora bien, es interesante comenzar a analizar todas las potencialidades que se esconden detrás de nuestro blanco de bandera. En primer término, hay que señalar ese perfil que fascina a quienes lo prueban por primera vez y les hace recordar algo conocido pero a la vez distinto, al tiempo que sugiere dulzores frutales, aunque el vino sea seco.
Esa extraña multiplicidad de facetas que juega entre los distintos sentidos es su principal carta de presentación, unida a todo lo que esconde en términos de historia y terruño. Y es ahí, en la imagen, donde reside la mayor fuerza, la mayor aptitud, la mayor energía de este increíble y aromático vino blanco cuyo origen se remonta a los tiempos de la conquista española.
En nuestros días de marketing global y luchas comerciales por el posicionamiento de productos a nivel planetario, nadie desconoce que la venta de alimentos y bebidas de cierta calidad está muy asociada a los valores agregados históricos, geográficos y culturales.
En ese contexto, los productos que provienen de una región tradicional y reconocida tienen muchas posibilidades, al igual que aquellos que llegan desde lugares remotos (remotos, claro, para los habitantes del primer mundo), exóticos, bellos y poco explotados, tal cual es el Noroeste argentino. Si sumamos, entonces, todos los elementos que constituyen el valor agregado de imagen que arrastra el Torrontés, nos encontramos con que no existe ninguna variedad en nuestros viñedos con semejante potencial al respecto.
Muchas veces, para vender vinos argentinos, la promoción apunta a ciertas imágenes eficientes pero ya estereotipadas de nuestro país, como el tango, los gauchos y el fútbol. Lo bueno del Torrontés es que no necesita nada de eso porque se puede vender solo, por sí mismo. Cuéntele usted a un europeo que el vino que bebe tiene su origen histórico en los conquistadores españoles que iban al Perú en busca de oro. Cuéntele también que esa fragancia tan especial es el resultado de una antiquísima cruza natural, imprevista, salvaje, entre dos cepajes llegados por esos mismos tiempos. Y, finalmente, háblele de los paisajes de Cafayate, de Molinos o de Chilecito, de sus alturas, de la pureza de su aire y de sus cielos. Para terminar, sólo agregue algunas referencias sobre las extraordinarias empanadas salteñas, o sobre cualquiera de los platos típicos regionales, y el resultado no puede fallar. Dicho de otro modo, nuestro Torrontés es oro líquido si se lo promociona debidamente, con tiempo y paciencia. No puede ser de otra manera porque ésas son precisamente las cosas que buscan hoy los consumidores del mundo frente a tanta estandarización, frente a tantos vinos de molde, sin personalidad, sin historia y sin terruño.
Hace algún tiempo escuché algún comentario de alguien de la industria que aseguraba que al Torrontés había que buscarle un nickname (es decir, un apodo) porque a los americanos les resultaba difícil de pronunciar.
Y no pude menos que quedarme preocupado al darme cuenta de que todo esto que he tratado de exponer en estas líneas no comienza ni siquiera a ser entendido por algunos personajes de la vitivinicultura, incluso por ciertos “referentes” que se ocupan de promocionar la actividad en el exterior. Claro, si con tanta ligereza pensamos en modificar el nombre del vino argentino más prometedor por una simple cuestión de pronunciación, podríamos también cambiar su aroma para hacerlo más parecido al Chardonnay, así se vende más rápido en los Estados Unidos. Y ya que está, podemos salir a decir que la uva Torrontés se cultiva en Buenos Aires, en las plazas, y es cosechada por gauchos que juegan al fútbol, bailan el tango y comen churrasco.

Hay que estar preparados en un mundo cada vez más cambiante. En materia de vinos argentinos tenemos una verdadera joya, una perla lista para salir a luchar por los mejores puestos y contra todos sus oponentes, incluso con capacidad para tomar la posta del Malbec cuando éste la abandone. Sólo es necesario saber preparar el camino con talento, paciencia y decisión. Aunque rara vez ocurre en un lapso de tiempo tan corto, los vinos argentinos están frente a su segunda oportunidad de oro en menos de una década. La primera fue la del Malbec; la segunda es la del Torrontés. Aprovechamos la primera, pero ¿desperdiciaremos la segunda?


Fuente: http://www.elconocedor.com

Las mujeres y los jóvenes prefieren la tapa a rosca


Las mujeres y los jóvenes prefieren la tapa a rosca

La conclusión se desprende del último informe de Wine Intelligence, donde también se asegura que este tipo de cierre está ganando terreno como un producto dominante en Estados Unidos y Reino Unido.


El informe de Wine Intelligence revela que la aceptación por la tapa a rosca entre los consumidores mensuales de Estados Unidos (combinación de personas que dicen que les gusta la tapa a rosca y aquellos que son neutrales) se ha elevado un 70%, por encima del 59% registrado en 2008. Esta cifra sugiere que la tapa a rosca está ganando camino como un producto dominante en uno de los mercados más grandes de vino embotellado.

Las mujeres y los jóvenes de entre 18 y 34 años encuentran más aceptable la compra de vinos con tapa a roca que los hombres o consumidores de entre 45 y 54 años.

A pesar del crecimiento de la tapa a rosca, el corcho natural mantiene su dominio como el cierre preferido por los consumidores de vino, mientras que el corcho sintético sigue teniendo una amplia aceptación. Ambos cierres ha continuado con buena aceptación y afinidad en los últimos cuatro años.

Una cuestión de mercados

En el caso de Reino Unido, la aceptación por la tapa a rosca se ha duplicado en los últimos 8 años y ha crecido 85% entre los consumidores regulares. Esto se compara con el 41% que aceptaba este cierre en 2003.

En similar período, la afinidad por la tapa a rosca ha pasado del 6% al 42%, acorde al informe de Wine Intelligence.

Así como en Estados Unidos, este crecimiento se debe principalmente a la aceptación por parte de las mujeres de entre 30 y 40 años, quienes son las que compran regularmente vino en el supermercado para consumirlo en casa. También empuja este fuerte crecimiento, el segmento de jóvenes consumidores que ha entrado recientemente en la categoría de vinos.

Richard Halstead, COO de Wine Intelligence y autor de reporte, aseguró: "El punto de vista de los consumidores ha cambiado radicalmente en los últimos 8 años, sobre todo en un mercado escéptico -y en algunos casos hostil- a los tapones a rosca".


Fuente: http://www.areadelvino.com