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Después de cuatro décadas, el clásico Don Valentín Lacrado incorpora un vino blanco


Esta etiqueta de la tradicional línea de Casa Bianchi incluye uvas Chardonnay, Torrontés, Chenin y Semillón. Tiene un precio sugerido de 28 pesos



En el marco de la actualización de su cartera de productos -que incluye el rediseño de algunas de sus etiquetas más conocidas y el lanzamiento de nuevos vinos- Casa Bianchi sorprende al darle "aire fresco" a una de sus líneas más tradicionales.

Se trata de un vino de corte pensado como compañero del clásico y prestigioso "Don Valentín Lacrado", el vino tinto de Casa Bianchi que se comercializa desde hace cuatro décadas y que hoy continúa entre los preferidos por el consumidor.

El nuevo "Don Valentín Lacrado Blanco" es un vino amable, fácil de beber, versátil para acompañar platos frescos y con una muy buena relación precio-calidad.

Elaborado como un corte de Chardonnay al 60% con Torrontés, Chenin y Semillón este vino se presenta para ser comercializado a $28 en uno de los segmentos de precios más dinámicos, que representa en ventas un 23% del mercado local de vinos considerando varietales, genéricos y frizzantes.


"El nuevo Don Valentín Lacrado Blanco es un vino con un excelente equilibrio entre la frescura de las flores blancas, las frutas tropicales y la acidez armónica de un buen vino. Es un digno compañero de nuestro clásico Don Valentín", afirma Raúl Bianchi, presidente de Casa Bianchi y continúa: "El desafío que nos planteamos fue crear un producto que el mercado nos demandaba: un blanco de estilo actual, agradable para acompañar diversos platos y con la mejor relación precio-calidad que pudiéramos ofrecer".


Fuente: http://vinos.iprofesional.com

Vinos de Lujo: datos para tener en cuenta


A pocos días de la décima edición de la exposición más esperada del año, viene bien tener a mano los nombres nuevos que se darán a conocer en los salones del Alvear Palace Hotel. Son muchas las flamantes etiquetas y cosechas que se podrán degustar a lo largo de la semana próxima. A tomar nota.


Vinos de Lujo se ha transformado en la cita obligada anual de todo amante del buen vino. Claro que muchos profesionales y jugadores de la industria tampoco se la quieren perder porque es la mejor oportunidad para conocer y degustar los mejores vinos que se están elaborando en nuestro país. Y de esta forma poder entender cuáles son las tendencias, los terruños sobresalientes y los emergentes, los nuevos nombres para recordar y las etiquetas para buscar. Por supuesto que estarán las nuevas cosechas de los grandes vinos de siempre, algo también muy interesante a tener en cuenta en el recorrido de la feria.
Sin embargo, los más conocedores y curiosos van en busca de lo nuevo. Pero no porque crean que la novedad es mejor, sino porque en el consumo de lo no conocido está la satisfacción. Y es muy entendible, sobre todo para aquellos que viven inmersos en el mundo del vino, ya sea por trabajo o por placer. A mayor cantidad de vinos incorporados al paladar y la mente, más respuestas, más impresiones… en definitiva, más conocimiento. Y se sabe que el mayor conocimiento lleva indefectiblemente al mayor placer.
Este año habrá propuestas novedosas para todos los gustos, tanto de grandes bodegas como de proyectos independientes y de diversas zonas vitivinícolas.
La bodega Riglos estará presentando su flamante línea joven, denominada Quinto, un Sauvignon Blanc 2011 mordiente y con personalidad y un Malbec 2010 con el sello de Gualtallary, su terruño de origen. Del mismo rincón mendocino, llegan los Montesco de Matías Michelini, que con sus Passionate Wines parece que va a romper todos los pronósticos. En Ruca estará presentando Pablo Cúneo, como todos los años, los vinos de su autoría. Pero esta vez hay algo más, el tercer blend de esta bodega que desde siempre puso más énfasis en los varietales. Se trata del Reserva de Bodega 2009, un tinto con enjundia y elegancia. En el stand de Atamisque también están de estreno porque su línea top se agrandó. Además del Assemblage, el Malbec y el Cabernet Sauvignon, ha llegado el Chardonnay, un verdadero blanco de lujo. Otra familia, bastante más conocida y que se amplía es la de Cadus, que seguirá con su Malbec Single Vineyard, pero ahora rodeado de un espumante, un blend de terruños a base de nuestro cepaje emblema y un vino de corte sumamente interesante.

Los Lote Especial de Colomé también prometen llamar mucho la atención de los visitantes. También hay bodegas que se presentan en sociedad, o al menos en la alta sociedad del vino argentino. Como Manos Negras (de Alejandro Sejanovich, quien además llevará sus propios vinos) y Zorzal, dos recientes proyectos liderados por jóvenes enólogos con grandes aspiraciones. Otra debutante y a tener en cuenta es Montechez. A todos ellos habrá que seguirlos de cerca. José Hernández Toso estará en su stand de Huarpe mostrando con orgullo sus dos etiquetas top, el Huarpe y el Guayquil. Y hay muchos más que están esperando ser descubiertos.


Fuente: http://www.elconocedor.com

La verdadera influencia del origen


Fabricio Portelli opina que el origen de un vino no debe ser interpretado únicamente como sinónimo de calidad, sino que ejerce un poder mayor, ligado a las costumbres y preferencias de los consumidores.


No hace falta entrar de lleno al mundo del vino o ser un enófilo para aprenderse de memoria la máxima que dice que los mejores vinos vienen de Francia, o del Viejo Mundo, en referencia a Italia y España específicamente. Y si bien acá no estoy hablando de hacer un juicio de valor cualitativo comparando esos vinos con los nuestros o los del Nuevo Mundo, debo reconocer que el origen del vino tira; y está bien que sea así.
Por un lado, está la historia, irrefutable y principal generadora de experiencia; algo que en vitivinicultura es esencial. Pero también es importante en el consumo ya que muchos de los parámetros a los cuales se aferra el consumidor nacieron del marketing, y la clasificación de los Grands Crus Classés de 1855 es uno de los mejores ejemplos. Hechos como éste, o como el famoso juicio de París de 1976, encabezado por Steven Spurrier e inmortalizado en la película Bottle Shock, no hacen más que inflar el mito. Claro que hay una infinidad de vinos que son reales, como lo fue la degustación que coronó al Chardonnay de Napa Valley Chateau Montelena por encima de los mejores Grands Crus de la Borgoña. Son cientos de miles los vinos que giran por el mundo y siguen conquistando paladares.
Esas etiquetas, más allá de la diversidad que suponen, están promoviendo principalmente una diferencia sustancial: su lugar de origen. Porque se sabe que la cosecha, que las variedades, que la vinificación, que la bodega y que una larga lista de etcéteras también hacen de la diferenciación uno de los mayores atractivos de esta bebida. Pero volvamos al análisis profundo del origen para ver si descubrimos hasta dónde influye. Dejando de lado la calidad, suponiendo que está fuera de discusión, llegamos al significado. Es decir, qué significa ese vino para nosotros. Pero tampoco me quiero meter con eso porque ya lo hice (ver editorial El Conocedor 78). Esta vez quiero ir más profundo, o mejor dicho, indagar más sobre lo subjetivo.
Como todos, entiendo que muchas veces la imaginación juega un papel fundamental, sobre todo el de agrandar las cosas. En el caso de los vinos, el mito se agiganta con cada frase escuchada o leída sobre tal o cual famoso vino del mundo. Algo que nuestra sed de enófilos multiplica y automáticamente surge el deseo casi desesperado de degustar ese vino, cueste lo que cueste. Por suerte, se trata de un momento pasajero y nuestra vida continúa, rodeada de los vinos de siempre. Pero es cierto que algo de eso queda en nuestra memoria y que por más que podamos disfrutar buenos vinos argentinos a diario, será muy difícil desterrar a los otros de nuestras mentes.
Sin embargo, cuando se tiene la posibilidad de deleitarse con los vinos del mundo, incluso muchos de ellos en su entorno, el panorama se aclara y las dudas se despejan, de la misma manera que la acidez firme de un Sauvignon Blanc o los taninos incipientes de un Cabernet limpian el paladar. ¿Y saben qué?, es tranquilizador porque hay algo que nunca va a cambiar. Por más que la calidad de los blancos y tintos de Bordeaux sea indiscutible, o el Champagne imbatible, o la elegancia y austeridad de los Borgoña inigualable, o los buenos Chianti incomparables, o los tintos del Piamonte únicos, como los de Rioja o los de Ribera del Duero, o los Shiraz australianos y los kiwi Sauvignon Blanc (neozelandeses) impactantes, o los Pinotage sudafricanos sorprendentes… estamos acostumbrados a nuestros vinos. Al Malbec con toda su generosidad frutal, al Torrontés con todos sus ímpetus, y a todos los demás bancos y tintos nacionales generalmente amables, generosos y expresivos de nuestros terruños.

Claro que esto no significa que seamos ignorantes, sino más bien es consecuencia del trabajo que se viene haciendo en los últimos diez años y gracias al cual gozamos de una gran cantidad de vinos de excelente calidad. Y son ellos los que moldean nuestro paladar, los verdaderos generadores de nuestros gustos y placeres. A fin de cuentas, voy a tener que darle la razón a Miguel Brascó y a su insistencia sobre el paladar genético. Porque si bien él se refería a otros vinos y a otros tiempos, yo creo que ahora nos pasa lo mismo. Nuestras costumbres, en este caso, vinos, se han convertido en nuestras preferencias. A esto yo lo llamo la verdadera influencia del origen.


Fuente:
http://www.elconocedor.com

¿Qué sucede con los vinos dulces?


¿Qué sucede con los vinos dulces?

Tras su redescubrimiento y puesta en valor por parte de la industria vitivinícola nacional, los vinos dulces no han cesado de colmar las góndolas locales. Sin embargo, semejante abundancia contrasta con una demanda localizada casi exclusivamente en determinados segmentos específicos.


La presencia de un vino dulce luego de la comida no es algo nuevo ni exclusivo de nuestros días. En esta porción del mundo que damos en llamar Occidente, desde el tiempo de los romanos hasta hace unos cuarenta años, los postres y la sobremesa eran típicamente acompañados por todo tipo de caldos con esas características. Y en determinadas épocas históricas de ese amplio período (como la era victoriana), tales productos estuvieron tan de moda que su consumo llegó a equiparar al de los vinos secos de mesa. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, la copita de vino dulzón con el postre cayó en desuso, primero lenta y luego vertiginosamente, y perdió el sitial de privilegio que ocupaba entre las preferencias de la gente. Hacia mediados de los setenta, ciertos exponentes mundiales de gran calidad pero poca fama, como los Muscats del mediodía francés, el Tokaji húngaro o el Mavrodaphne griego, disminuyeron sus ventas y su producción hasta casi desaparecer. Otros con mejor prensa, como el Oporto y el Sauternes, sobrevivieron merced al mercado británico, el mayor consumidor de vinos dulces en el mundo. La Argentina, mientras tanto, no estuvo ajena a tales vaivenes. Los otrora renombrados “vinos de solera” sanjuaninos, los mistelas y los licorosos en general dejaron de producirse en masa a comienzos de los ochenta con la supervivencia de un par de marcas líderes que, en rigor de verdad, lograron continuar en el mercado gracias a que las amas de casa utilizaban sus productos para mojar los bizcochuelos y aromatizar los tucos.
Así y todo, con el acta de defunción a punto de ser firmada, los buenos vinos dulces naturales se reanimaron súbitamente a principios de los noventa ayudados por una combinación de factores que incluyó moda, sentido de la oportunidad y capacidad de innovación. Su redescubrimiento se basó en la búsqueda del máximo placer en el momento de la sobremesa y en la asociación del consumo con los mayores niveles de sofisticación y refinamiento (sin duda, dos estigmas muy atractivos). Aquí, en nuestras latitudes, los años de convertibilidad trajeron consigo diferentes ejemplares de Oportos, Sauternes, Tokays y hasta Icewines, que de ese modo volvieron a verse en las mesas de los hogares y restaurantes gourmand de la Argentina. Pero mucho más frenético fue el crecimiento del segmento producido por las propias bodegas argentinas, que en pocos años se lanzaron a elaborar y presentar en masa un estilo que rápidamente dio lugar al estereotipo comercial llamado “tardío”. Se trata de blancos vinificados con uvas ligeramente sobremaduras, sin llegar a la pasificación ni mucho menos, que dan como resultado productos melosos, de importante contenido azucarino, con ciertos aromas típicos que recuerdan a confituras y un característico gusto glicerinado. Con ligeras variantes, pero muchos elementos comunes entre sí, la nueva categoría comenzó a crecer hasta convertirse en algo bastante común, quizás demasiado para un público que aún hoy no se ha adaptado completamente a su consumo.

Los riesgos de un segmento saturado
Al mismo tiempo que los vinos dulces tipo tardío comenzaban a proliferar por las góndolas de vinotecas y supermercados, era posible advertir algunos elementos de similitud en cuanto a imagen: botellas alargadas de medio litro, etiquetas bastante elaboradas y nombres casi siempre alegóricos a vendimias largamente demoradas en plácidos otoños de idilio. También los precios trepaban hasta valores importantes, supuestamente justificados por las partidas pequeñas y exclusivas, lo que no ha dejado de suceder hasta hoy. En contraposición con esa uniformidad de packaging y precio, las etiquetas dulces exhiben al menos una notoria diversidad de cepajes incluidos en su composición, individualmente o en corte. Hay tardíos de Chardonnay, Semillón, Sauvignon Blanc, Torrontés y Viognier, entre otras variedades involucradas, si bien no es frecuente que las diferencias entre unos y otros especímenes sean realmente notorias.
Hace al menos un par de años que esta invasión ha comenzado a dar muestras de sus flaquezas. Como suele ocurrir cuando se trata de cuestiones que no resultan positivas, los referentes de la industria se muestran muy cautelosos (cuando no temerosos) a la hora de dar una opinión “oficial”. Pero fuera de las conversaciones formales, todos coinciden en que el segmento se encuentra completamente “planchado” por diversas razones, que resultan interesantes para enumerar y analizar. En primer término, bodegueros y comerciantes citan el monstruoso crecimiento de marcas ocurrido en la última década, que ha llegado a superar holgadamente la demanda. Sólo algunas etiquetas históricas y otras económicas (ver recuadro) parecen moverse con algo de soltura, mientras que el resto duerme la siesta del olvido en las estanterías.
También se menciona la equivocada política de precios llevada a cabo por la mayoría de las bodegas elaboradoras de “tardíos”, que llevó los valores a sumas habitualmente superiores a los cuarenta o cincuenta pesos para un tipo de vino no reconocido por la gente como algo que justifique semejante erogación. Y, fundamentalmente, a la indiferencia de la masa consumidora nacional, que prefiere la sobremesa con espumantes (incluso secos) o con el mismo vino que acompañó la comida. Hay un dato que confirma esto último de manera lapidaria: muy pocos restaurantes disponen de tardíos en sus cartas, lo que habla a las claras de un consumo que no ha adquirido la relevancia suficiente como para crear una demanda a tono con la generosa oferta. Así, la industria vitivinícola local se encuentra en una verdadera encrucijada entre discontinuar productos o invertir en costosas y largas campañas para educar a un público que, en general, se muestra cada vez más reacio a ser educado.
Los tiempos que vienen serán testigos del final de esta historia comenzada hace pocos años. Por lo visto, la aceptación del vino dulce como una costumbre gastronómica habitual y natural no parece estar cercana, pero la miríada de etiquetas existentes parece pedir soluciones urgentes. Sólo así se evitará una masiva extinción de marcas que, tal vez, ya mismo se esté gestando.


Fuente: http://www.elconocedor.com

Burbujas cada día más argentinas


Burbujas cada día más argentinas

Aunque tenemos una gran tradición en consumo de vinos espumosos, recién con la llegada del nuevo milenio comenzaron a aparecer las burbujas de lujo locales. En la actualidad, la amplia y dinámica oferta abarca las tradicionales etiquetas de siempre, las grandes marcas ya consolidadas y las nuevas propuestas; todas capaces de competir cualitativamente con los champagnes franceses, pero ya sin ansias de emulación, sino con una personalidad tal que perfila un estilo argentino definido.



La explosión cualitativa que ha tenido el vino argentino en la última década fue tan grande que su onda expansiva llegó a categorías impensables hasta hace poco tiempo. Es sorprendente ver cómo, en la actualidad, las bodegas no sólo apuestan fuerte a sus etiquetas de lujo, sino también a los vinos de todos los días, a los blancos y rosados igual que a los tintos, a los cosecha tardía, a los fortificados… y, claro está, a los espumantes, con los cuales se ha producido una evolución lógica que ha provocado un importante crecimiento sin precedentes.
Pero para poder tener hoy todo este abanico de alternativas para brindar, la industria tuvo que sortear algunos escollos que la llevaron a aprender más de la cuenta. Consolidado en la época prolífera de los años 30, rápidamente el “champán” se convirtió en la copa obligada del tango.
Esto fue lo que realmente popularizó esta bebida en todas las ciudades del país. Uno de los precursores fue Pascual Toso, quien en 1922 elaboró el primer espumante argentino a partir del método tradicional (el Extra Toso). Más tarde desembarcó el grupo Moët & Chandon con el firme propósito de elaborar un vino tan bueno como el que hacían en Francia, pero en mayor cantidad para así poder hacer frente a la creciente demanda internacional.
Con la vorágine consumista de los 90 y la convertibilidad económica, volvieron a la vida los importados, que anularon por completo las intenciones de elaborar un producto súper premium en el país; era imposible competir con sus precios. Durante ese período, sólo Chandon se animó con algún que otro lanzamiento, aunque sin llegar al nivel de los champagnes, salvo el tradicional Baron B, creado por Renaud Poirier, quien fuera durante muchos años chef des caves de Moët & Chandon y Dom Pérignon, y que sin dudas marcó el camino de los que vendrían después. En tanto, la “pizza con champagne” se ponía de moda y obligaba a los bodegueros a recurrir, entre otras cosas, a nuevos formatos de envases (el de 187 cc) para desestacionalizar, de una vez por todas, el consumo. Una acción que se venía buscando hacía rato, pero sin el éxito abrumador que lograron las botellitas.
La clave fue un consumo individual que, además de placentero, era cool. Se podría decir que fue una de las innovaciones más logradas de la industria y funcionó sólo con los espumantes que supieron capitalizar la oportunidad. Las 187 conquistaron la noche, las barras y los hogares. Esto hizo que la costumbre de tomar un espumante se multiplicara, y así muchos descubrieron las bondades de acompañar toda una comida con las burbujas y no sólo quedarse con la copa de bienvenida o de recepción. Sin embargo, con este marco de situación, hacia fines de los noventa algunas etiquetas irrumpían en el mercado simplemente para completar el portfolio de la bodega. En otras palabras: la idea de muchos actores del vino era ofrecer un combo completo (desde el blanco ligero para el aperitivo hasta el espumante del brindis final), pero obviamente sin tener en cuenta si la calidad era o no el principal atributo. No tan distinto de lo que sucedió con la fiebre varietal en sus comienzos hasta que llegó el quiebre, el cambio conceptual en la mentalidad de los bodegueros, la sofisticación que acompañó el entrenamiento sostenido de muchos paladares que, cada vez, exigían más y más.

Una década de sofisticación
El tiempo y la experiencia acumulada desde la llegada del nuevo milenio hasta hoy forjaron un presente diferente para las burbujas nacionales, mucho más nutrido y totalmente consistente. Actualmente, los espumantes argentinos poseen características propias que se sienten en la copa y se pueden apreciar y disfrutar con todos los sentidos.
Con la llegada del nuevo milenio y el fin de la convertibilidad económica, las bodegas comenzaron una nueva era en esta historia: con la reconversión de la industria nacieron los primeros espumantes de lujo locales con grandes posibilidades de competir con sus pares (los cavas españoles y los champagnes franceses).
Pero, atención, que antes tuvieron que aggiornar todos sus procesos porque no es una tarea sencilla concebir un espumante de alta calidad. El manejo de la viña a lo largo del año es fundamental para llegar a la vendimia con la mejor calidad de uva, una condición sine qua non. Pero se sabe que cuando las burbujas entran en acción, la cosa se complica; por eso, tuvieron que entender bien el proceso de la segunda fermentación en botella (con los climas y los vinos locales) para tratar de llegar a lograr perlages tan persistentes como finos, texturas cremosas y sabores complejos que sólo otorga el contacto con las lías en el tiempo.
Es por ello que los enólogos comienzan a prestar mucha más atención a los blends de los vinos base. Y así es que el tándem Pinot Noir-Chardonnay se ha posicionado como el más elegido porque, más allá de ser las dos variedades más empleadas en la Champagne francesa, en los diferentes oasis productivos están mostrando cada vez mejor su tipicidad y expresión. No obstante, muchos otros profesionales del vino eligen otros cepajes para diferenciarse porque el enorme parque varietal que tiene nuestro país lo permite. Así se pueden encontrar espumantes a base de Viognier u otros cepajes, como también mezclas con toques de Semillón, incluso con Bonarda, Malbec, Syrah y hasta Torrontés.
Esta diversidad también se puede apreciar en la procedencia de cada uno de ellos, con el terruño como protagonista (ejemplares de Torrontés de La Rioja y de Salta que ya dan que hablar), y en la vinificación (ya no sólo se elabora con el método tradicional –Champenoise–, sino que el Charmat ofrece muy buenas opciones). Desde el punto de vista del estilo, muchas bodegas están siguiendo un mismo patrón: la búsqueda de la complejidad está más asociada a la elegancia que al perfil aromático y gustativo, ya que saben que el secreto de un buen espumoso natural comienza por la armonía. Y es gracias a ello que hoy se animan a salir con espumantes en todos los niveles: desde jóvenes y afrutados, pasando por refrescantes y amables, hasta con ciertas pretensiones de reflejar el terruño y las variedades empleadas.

Una vez más, el primer gran cambio estuvo en el hombre porque nuestros enólogos y agrónomos ganaron la confianza suficiente para poder elaborar vinos con los cuales competir en todas las ligas mundiales. Pero, lo más importante es que dejaron de lado el afán de copiar los vinos de la Champagne porque comprendieron que el éxito depende de la manera en la cual consoliden este estilo único y argentino que empieza a asomar, apoyado en la expresión de la fruta fresca y un paladar más amable.


Fuente: http://www.elconocedor.com

Vinos cordobeses: acento y aroma a peperina


Vinos cordobeses: acento y aroma a peperina

En un territorio que parecía exclusivo del fernet, se instalan bodegas y las que ya estaban, crecen. Estos son los vinos que están disputando el lugar de mejor aliado del cuarteto.


De a poco, y al igual que otras regiones argentinas como la Patagonia o la Provincia de Buenos Aires, Córdoba escribe su historia del vino. En un territorio que parecía exclusivo del fernet están creciendo proyectos vinícolas y, si bien algunos tienen años (a veces, cientos), siempre distaron de la experiencia y calidad de las regiones más reconocidas como Mendoza, San Juan o Salta.

La principal región vitivinícola en Córdoba se encuentra al norte, en los alrededores de Colonia Caroya, una zona más conocida hasta ahora por sus increíbles salamines. Allí nació el vino cordobés, y todo tiene su lógica: en la época de la colonia había una estancia jesuítica y los misioneros precisaban vino para sus misas.

Tradicionalmente se produce en la zona la uva chinche o frambuá (esas que tenían las abuelas en sus patios), en sus variedades tinta y dulce, pero desde hace unos años que las bodegas van en busca de una mayor calidad para lo cual han plantado Malbec y Cabernet Sauvignon, entre otras. A su vez, el gobierno provincial está contribuyendo al desarrollo de la industria incentivando a los turistas a que conozcan las bodegas como complemento del tradicional atractivo de ríos y sierras.

Los dos principales exponentes de la cultura cuartetera de la provincia lo han mencionado: el fallecido “Potro” Rodrigo afirmó ser amante del vino, mientras que La “Mona” Jiménez, a los gritos, no para de preguntarse: ¿quién se lo ha tomado? Así que si tu plan veraniego era partir para Córdoba, apuntate estos nuevos recorridos.

Bodega Nanini
Es una de las centenarias, ubicada en Colonia Caroya, lugar donde se encuentran la mayoría de los viñedos y bodegas de la provincia. Produce 13 vinos que van desde el de mesa a los varietales, más un mistela y algunas grapas. En las visitas guiadas a la bodega, además de degustar, se puede recorrer el Museo que alberga cien años de historia.

Finca Atos
Autodenominada como bodega de altura por estar a 1200 metros sobre el nivel del mar, esta bodega de Atos Pampa, en el Valle de Calamuchita (sobre la ruta que lleva a La Cumbrecita) se identifica con un zorro, especie que habita la región. Con sus líneas Clásica y Reserva, y esperando que llegue la de guarda, se despega de la tradicional uva Isabella que predominaba en la provincia. Para esto, se asesoraron con expertos del INTA de Luján de Cuyo (Mendoza) y trajeron vides de Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Sauvignon Blanc.

Bodega Vittorio Papalini
Además de un puñado de variedades tintas como Malbec, Cabernet Sauvignon y Merlot, Esteban Papalini creó un rosado con un corte de uvas Frambuá y Sauvignon Blanc. Lo vas a identificar porque en su etiqueta tiene un colorido burrito Beatle o camioneta VW Hippie.

Bodega y Viñedos Las Cañitas
Queda muy cerca de La Cumbrecita. Bodega y estancia, combina turismo y enología, ya que tiene alojamiento y restaurante en medio de un paisaje increíble. ¿Su vinos? Malbec “Juan Cruz Navarro Torres”, Malbec Rosé “Arabella”, un Cabernet Sauvignon y un espumoso Extra Brut llamado “Familia Navarro Torres”.

Bodegas y Viñedos San Javier
En Traslasierra, por la zona de San Javier, se encuentra esta pequeña pero moderna bodega de Nicolás Jascalevich, que elabora un rosado de Malbec, un blend Malbec-Cabernet Sauvignon joven y un Reserva Malbec con 12 meses de barrica bajo los métodos orgánicos y biodinámicos.

Familia Amorelli
Por la localidad de Los Molles, en Traslasierra, y a la vista del Cerro Champaquí (el más alto de la provincia con 3000 metros), esta familia con tradición de vinos, originaria de Sicilia, plantó en 2004 las variedades Cabernet Sauvignon, Syrah y Merlot para darle forma a su línea de blends. Mientras tanto, esperan a que llegue el 2014, cuando saldrán a la venta las variedades italianas Barbera, Nebbiolo y Freissa que plantaron el año pasado.

Bodega Jairala Oller

Para terminar, en la localidad de Ischilín, por donde pasaba el viejo Camino Real al Alto Perú, se encuentra esta bodega que desde 1998 produce vinos Merlot y Chardonnay que llevan su mismo nombre.


Fuente: http://www.planetajoy.com

Claves para entender mejor al vino


Descubra cuáles son las virtudes prácticas y didácticas en las diferentes degustaciones que se pueden hacer en grupo, que representan una excelente oportunidad para el enriquecimiento sensorial.


Cualquiera que tenga al vino como centro de sus actividades profesionales sabe muy bien qué es una degustación comparativa y la practica a diario. Bodegueros, enólogos, comerciantes, sommeliers y periodistas especializados tienen la necesidad de catar muchas muestras durante sus jornadas de trabajo como parte de una metodología rutinaria. Y todos ellos asumen que no existe otro modo de apreciar virtudes, defectos, diferencias o similitudes entre vinos si no es de esa manera, o sea, viéndolos desde la perspectiva de la comparación. Pero no siempre sucede lo mismo con el simple consumidor entusiasta. Las principales oportunidades para probar vinos suelen estar asociadas a experiencias de consumo individual (un solo vino o varios, pero nunca relacionados entre sí ni catados al mismo tiempo), como ocurre con las comidas de negocios, las reuniones familiares o los eventos sociales. Así, muchas personas desconocen la existencia de las degustaciones con espíritu didáctico, a pesar de que en todo el mundo existen grupos de aficionados que se reúnen periódicamente con el solo fin de catar, aprender y entrenar el paladar.
Clubes, cofradías o simples grupos de amigos que practican este feliz ejercicio han crecido en número y calidad en los últimos años como testimonio del auge del vino en su posición de bebida cultural.
Las degustaciones grupales con un número limitado de participantes ofrecen una importante serie de ventajas y beneficios de costo (el valor de las botellas adquiridas se prorratea entre los asistentes), a la vez que facilitan el encuentro entre amantes del vino capaces de hablar y debatir acerca de la más noble de las bebidas. Pero, además, hacen posible una de las experiencias más aconsejables en el fascinante mundo de la degustación, que es la de cotejar las características de un puñado de vinos de acuerdo con sus diferentes características regionales, rasgos varietales o modos de elaboración.
Los núcleos temáticos para realizar estas degustaciones son casi infinitos, pero resulta obvio que siempre es necesario llevarlas a cabo partiendo de un patrón lógico elemental de comparación. Por ejemplo, no tiene ningún sentido tratar de confrontar las características de un espumante con las de un licoroso, ya que son vinos absolutamente diferentes, sin nada que los asemeje. Siguiendo este razonamiento, existen algunos tipos de catas que podrían denominarse “clásicas” en el sentido de ser las más conocidas y frecuentadas. Veamos cuáles son.

Vinos varietales de diferentes cepajes
Una alternativa casi obligada cuando se dan los primeros pasos en el campo de la degustación al tiempo que se empiezan a reconocer los aromas y sabores propios de cada variedad. Hoy por hoy, y hablando de vinos argentinos, las más interesantes pueden estar compuestas por distintas etiquetas de Chardonnay, Sauvignon Blanc, Torrontés, Viognier y Pinot Gris, entre los blancos; Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Syrah, Bonarda y Pinot Noir, entre los tintos. La cantidad de ejemplares a degustar debe ser acorde con la cantidad de participantes. Y también es bueno recordar que, por tratarse sólo de una degustación, el contenido de una botella alcanza para doce o más personas.

Vinos con y sin madera
Los rasgos que la madera de roble le cede al vino son relativamente fáciles de detectar en aquellos que han sido fermentados o estacionados en recipientes de ese material. Apelando a la información de las etiquetas y las contraetiquetas se pueden adquirir ejemplares blancos y tintos maderizados para compararlos con otros que no han pasado por roble. Hilando un poco más fino (preferentemente disponiendo de la información al respecto), también es posible evaluar distintos tipos de roble por el origen de la madera o la intensidad de tostado.

Vinos varietales de diferentes regiones
Muy ilustrativa para conocer algunos matices de nuestras regiones vitivinícolas o las de diversas zonas del mundo. Un ejemplo interesante es cotejar especímenes de Cabernet Sauvignon de Salta, Mendoza y Río Negro, o el mismo varietal de la Argentina, Chile, Estados Unidos y Australia. Instructivo, asimismo, es poner en la balanza los matices del Torrontés de Salta, de Catamarca y de La Rioja, o comparar los rasgos del Pinot Noir de Mendoza frente al de la Patagonia.

El mismo vino de diferentes cosechas (degustación vertical)
La cata vertical es bastante frecuente en las bodegas que guardan muestras de antigua data, y también entre los grandes coleccionistas. Con este tipo de degustación se pueden observar los cambios que produce el tiempo en un producto determinado.

Diferentes vinos de la misma cosecha (degustación horizontal)
Aunque no suele ser tan practicada ni conocida como la anterior, se trata de un ejercicio muy ilustrativo, apropiado para conocer las bondades y defectos de un año determinado.
Es bueno tener en cuenta que la marcha climática de una vendimia puede afectar de manera muy distinta a los diversos cepajes, o no haber sido uniforme en todas las regiones, por lo cual es necesario aquí también elegir un eje temático específico en cuanto a uvas y geografías.

F.elconocedor.com

Los espumantes de Rosell Boher, palmo a palmo con los mejores exponentes del mundo


Dos etiquetas de fueron seleccionadas por el Comité de Enólogos de la Champagne para participar de VITEFF 2011, la feria más importante del sector



Una vez más, los espumantes de Cavas Rosell Boher fueron reconocidos internacionalmente, aunque por primera vez con una distinción que parte del Comité de Enólogos, nada menos que de la región de Champagne.

Por ellos y el Institut Oenologique del Champagne, fueron seleccionados e invitados a participar de VITEFF 2011, que acaba de finalizar en Epernay, Francia, y es la feria de mayor relevancia para la industria de productos espumantes.

Ambos productos -Rosell Boher Brut y Casa Boher Extra Brut- son elaborados bajo el método champenoise, respetando la antigua tradición francesa mediante la cual la segunda fermentación se realiza en botella, haciendo única e irrepetible a cada una de ellas.

El Rosell Boher Brut está compuesto por 60% de Pinot Noir y 40% de Chardonnay; y pasa un mínimo de 30 meses en botella antes de ser degollado. Por su parte, el Casa Boher Extra Brut se compone en un 70% por Pinot Noir y 30% Chardonnay, y reposa un mínimo de 18 meses sobre borras.

La bodega estuvo representada por el cuerpo técnico -Alejandro Martínez Rosell y Fernando Losilla- y por su Presidente, Pablo Torres García.

Al respecto, Torres García comentó: "No sólo se trató de una experiencia única y enriquecedora para el cuerpo técnico y para mí en lo profesional, sino que todos sentimos un orgullo muy grande al estar representando también a nuestro país".

Esta iniciativa continúa la línea trazada por Alejandro Martínez Rosell, enólogo de la bodega, y su equipo técnico, quienes trabajan motivados por la innovación y el perfeccionamiento para mantener incólume la calidad de los productos elaborados, tanto para el mercado nacional como internacional.

F:iprofesional

Instrucciones para leer la etiqueta de un vino (y comprenderla)


Aquí un diccionario con las expresiones más usuales y rebuscadas que figuran en la etiqueta de atrás de un vino, para que puedas disfrutar con propiedad de una buena botella.

Cuando no se conoce mucho de vinos, puede suceder que uno no sea capaz de apreciar todas sus cualidades. Se tiende a creer que la solución está en la contraetiqueta, pero ahí se cae en la trampa del jeroglífico que pretende describir el vino en cuestión.

Para evitar marearte antes de siquiera probar un sorbo, nada mejor que entender de qué te están hablando las bodegas cuando dicen que el vino que vas a tomar “es redondo” o “tiene bouquet”. A continuación, un listado-traductor para que no te pierdas con las expresiones más usuales de las etiquetas:

Brillo: se tiene en cuenta, sobre todo, en los vinos blancos o espumantes. Más brillante se ve el vino, más limpio está: esto significa que no tiene materias nadando en él.

Lágrimas o piernas: un descriptor que pudo haber creado Luis Alberto Spinetta. Son los rastros que deja el vino en el cuerpo de la copa después de hacerlo girar por ella. Al poner la copa recta se podrá ver si fluyen rápida o lentamente.

Cuerpo: no es que tenga un lomazo. Un vino tiene cuerpo cuando tiene fuerza y peso en boca, es decir que dura en el paladar, conteniendo un buen porcentaje de alcohol.

Amable: es la primera sensación que se percibe cuando el vino que se introduce en la boca es de una estructura que no impacta de golpe y que es menos alcohólica (aunque más amable es quien invita el vino).

Redondo: cuando escuchamos esta palabra de la boca de un especialista no se está refiriendo al ex mediocampista del Real Madrid ni se trata de un fanático de los Redonditos de Ricota. Quieren decir que los 4 principales sabores (salado, dulce, amargo y ácido) se encuentran medianamente balanceados o parejos.

Persistencia: no estamos frente a nuestra pareja repitiéndonos que ya está bien lo que hemos bebido; esto tiene que ver con el tiempo que dura lo que sentimos del vino en nuestra boca. La persistencia va de media, baja a alta, dependiendo de lo que tarde en irse la sensación en nuestra boca.

Elegante: aunque elegante es para mí Gino Bogani, para varios especialistas también puede serlo el vino cuando, además de estar equilibrado, da notas delicadas en nariz y boca.

Crianza: ni pedigrí ni buena familia. Se habla de crianza cuando un vino pasó tiempo en una barrica o tonel y en botella. Este paso del tiempo le da un mínimo aporte de oxigeno y también le otorga aromas provenientes de la madera.

Amplio: el vino puede ser amplio tanto en aromas como en sabores, generando varias sensaciones al mismo tiempo. Nada que ver con la tolerancia o las ideas políticas.

D.O.C.: Denominación de Origen Controlado. Varias veces vimos esta sigla pensando que se trataría de algún doctorado, pero no, es la región o una zona geográfica determinada y limitada donde se encuentran las cepas que dan origen a ese vino, con la intención de proteger las características del producto de esa región.

Joven: esta expresión está últimamente muy de moda: se denominan jóvenes a los vinos que ya salen de la bodega listos para ser tomados y que no soportan un tiempo de guarda.

Aterciopelado: si bien suena a letra de bolero, se trata de la sensación que deja un vino cuando, por el transcurso del tiempo, pierde algo de su aspereza original al suavizarse sus taninos, dando una sensación más suave en boca.

Bouquet: sólo pueden tenerlo los vinos con crianza, ya que es el aroma que se genera con el paso del tiempo. Un vino con bouquet ofrece aromas como el tabaco y cuero, por ejemplo.

F:planetajoy

La Intuición. Desafío para el ingenio


Un vino mal recomendado puede arruinar el plato más exquisito. Para un sommelier conocer con profundidad los ingredientes que forman parte del plato, las salsas acompañantes e incluso las formas de cocción, son elementos vitales para el vino a sugerir… con intuición.

Sucede a diario en los restaurantes gourmet: cartas menú que recrean diferentes tipos de platos, desde sencillos y ligeros hasta muy complejos, con infinidad de matices intercalados. Y cada uno de ellos posee una amplia gama de vinos para su maridaje. Pero, ¿cuál de ellos es el ideal para ese cliente en particular? La intuición finalmente elegirá.

Por ejemplo en el restaurante Abanico de Cristal, un plato encanta al cliente de cualquier nacionalidad, y que dada la excelencia en su preparación se solicita asiduamente. «El solomillo a la sal» reclama desde cada cultura, nacionalidad o gusto, un maridaje diferente, un vino que lo resalte, que lo eleve a un nivel de gustosidad y sabor que lo haga inigualable, recordable y repetible.

Y la clave para la elección del vino está en la salsa acompañante: al vino tinto.

Para un cliente español un Ribera del Duero Crianza puede resultar perfecto; para un francés un Pommard es excelente; para un italiano un Brunello di Montalcino, ideal; para un norteamericano una pinot noir californiana, desbordante. Y más allá de conceptos nacionalistas, un cabernet sauvignon chileno de cuerpo resultará fabuloso.

Sin salsa, esa misma comida no transportará el vino a esas dimensiones. Se unirá la ligereza del plato con la ligereza de otros vinos. Y con salsas más complejas aún, como a la pimienta negra, el plato reclamará un vino más robusto.

Sin embargo, el hecho de proponer un vino ideal no implicará aún el éxito del maridaje. Hace falta algo más: la técnica de llevar al vino a una jarra decantadora para oxigenarlo y servirlo en la copa apropiada, ancha y amplia como el mismo vino.

Al momento de catar, el cliente asentirá pero será una aprobación primaria. Sólo en el momento que lo consuma con el plato principal la satisfacción aspirada se hará perceptible.

Tal vez no exista un comentario, ni una mirada de aprobación, ni un gesto hacia el sommelier que le sirvió. Pero el beneplácito lo dirá todo.

El plato resultó exquisito para el cliente. El chef volvió a repetir la excelencia.

El vino lo elevó al nivel deseado. Y la intuición del sommelier volvió a funcionar.

Malma Finca La Papay, la nueva generación de Pinot Noir


Un vino que vale la pena probar para conocer la nueva cara del Pinot Noir en la Argentina.

El Pinot Noir se embarca hacia una nueva era en la Argentina. Si hasta ahora tenía ejemplares erráticos, las nuevas selecciones clonales que entran en producción perfilan un nuevo modelo de vino, del que Finca La Papay es un ejemplo perfecto.

El color está apenas subido respecto a lo que uno espera de un Pinot, pero su perfume es impactante, exótico, con frutas y raras notas herbales; al paladar es blando, armonioso e intenso. Una ecuación que dará que hablar.

La cosecha 2010 se consigue en vinotecas y supermercado a 35 pesos.

Oak dream team: 6 buenos vinos de crianza en madera


En esta nota, una selección de 6 etiquetas con la impronta del roble, una para cada bolsillo.

La crianza en madera aporta al vino varias cualidades. Completa los aromas con notas de vainilla, café y chocolate, lo hace voluminoso y, a la vez, lo estabiliza para sobrevivir más tiempo. Aquí, 6 etiquetas recomendadas que vale la pena probar, una para cada presupuesto.

1. ESTANCIA MENDOZA MALBEC ROBLE 2010 ($30,50)
La madera en los vinos accesibles es siempre un tema de ardua discusión. Primero, porque, dado su precio, está claro que en ellos no se usan barricas; y segundo, porque la mayoría de las maderas alternativas –que es precisamente lo que designa el “roble” de la etiqueta- pueden ser tan apabullantes que aturden. Pero en este Malbec se da ese raro equilibrio, que gustará tanto al amante del roble, como a quien le guste de los vinos frutales y fáciles de beber. No hay otro secreto.

2. TELTECA ROBLE MALBEC 2009 ($35)
En esta recomendación hay un doble propósito. Por un lado se trata de anunciar el lanzamiento de una gama de vinos nueva, los Telteca Roble de Finca Agostino, y por otro, como su nombre lo indica, darle un lugar en la góndola de los tintos con madera. Y este Malbec viene muy a cuento porque es el típico varietal de color profundo y expresión aromática cuyo roble funciona como un andamiaje de sostén para los aromas frutales. Al paladar, le aporta textura aterciopelada y carnosidad, sin ser dominante.

3. GOYENECHEA CENTENARIO MALBEC RESERVA 2008 ($37)
Parte del replanteo estilístico que ha encarado Goyenechea, este Malbec es un buen ejemplo de uso del roble. Aromáticamente intenso, la madera –la palabra “reserva” en la etiqueta indica que fueron barricas- le suma un condimento de vainilla rico que sobrevuela las notas frutales y herbales. En boca despunta una acidez jugosa que matiza la presencia notable del roble, evidente en una nota apenas secante en tus encías.

4. ZUCCARDI Q TEMPRANILLO 2007 ($140)
Una de las formas más elegantes en que el roble se evidencia en un tinto de alta gama es en el aroma de cedro –típico perfume de una caja de puros, por ejemplo- que aportan complejidad e indican finesa. En este Tempranillo, emblema de Familia Zuccardi, es claramente perceptible. Y si así es, se debe a que el roble empleado por la bodega es bueno. Barricas nuevas, en todo caso, cuyo objetivo es estabilizar el vino y, como dato secundario, aportar un condimento que lo hace grato de beber.

5. GRAND CALLIA 2008 ($140)
En la alta gama argentina las bodegas apuntan sobre todo a usar la madera para lograr vinos más complejos. De ahí que las barricas tengan un tostado alto, para hacerlo perceptible a la nariz, como es el caso de Grand Callia: te vas a dar cuenta que este blend vibra con una rica nota de humo, que se combina bien con las frutas rojas evidentes. Y que una vez puesto en la boca, le suma un punto a su carnosidad y volumen, y una agradable sensación envolvente.

6. GRAN DANTE MALBEC 2007 ($150)
Otro caso interesante de roble en la alta gama es el que ejemplifica Gran Dante Malbec: el tipo de tinto que cuando inhalás su perfume te das cuenta de que las frutas están amalgamadas con una nota de vainilla rica que proviene del buen roble. Nota que al probarlo, le aporta cierto exotismo y tacto de terciopelo, que tu boca agradece por su sencillez. Ahí es cuando la buena barrica suma: sin ser dominante, genera un rico contraste con la frescura del vino.

F:planetajoy

Vino de guarda


Vino de guarda es aquel vino que reúne los requisitos adecuados para poder ser madurado lentamente en la botella. No todos los vinos son aptos para realizar la guarda, y son pocos los vinos blancos capaces de evolucionar en las botellas durante algunos años, esta es una condición que pertenece a los vinos tintos.

El vino de guarda es un vino más complejo, con un grado alcohólico adecuado y con una textura y aroma muy especiales, pero no todos los vinos tintos reúnen los requisitos para realizar prolongadas guardas, depende del tipo de vino y del tipo de botella. Dejar madurar un determinado vino durante muchos años puede provocar que termine apagándose o incluso se convierta en el denominado vino muerto.

Un error común es guardar cualquier vino creyendo que el paso del tiempo va a mejorar su condición, sólo debemos realizar el proceso de guarda en aquellos vinos que son duros, jóvenes pero con grandes cualidades. El paso del tiempo les permitirá adquirir los aromas terciarios que mejoran significativamente la calidad.

Con respecto a lo que indicábamos antes, la muerte del vino, hay que tener en cuenta que los vinos envejecen paulatinamente, van perdiendo aromas frutales y a su vez van desarrollando aromas más complejos, como los que hemos nombrado anteriormente, los terciarios. Este proceso tiene un principio y un fin, llega un momento en el que el vino termina perdiendo la acidez responsable de su estructura, es el momento en el que el vino ya no mejorará convirtiéndose en un vino muerto. No debemos llegar al límite, es preferible consumirlos antes, cuando todavía pueden hacernos disfrutar.

Para un vino de guarda es fundamental la estructura que posee y las variedades que lo componen, como norma general, las bodegas tienen en cuenta varios aspectos a la hora de clasificar los vinos en reserva, crianza o gran reserva, su graduación alcohólica, el grado de acidez, la carga tánica, etc.

Todos estos aspectos determinan la capacidad de envejecimiento de un vino, así, un crianza podría guardarse durante cuatro años a partir de la añada, ocho años si se trata de un reserva y hasta quince años en el caso de ser un vino clasificado como gran reserva.

Para realizar la guarda del vino correctamente deberemos tener en cuenta el tipo de vino que tenemos en nuestras manos, la temperatura de nuestra bodega particular, entre 10º y 12º C, ya que los cambios drásticos de temperatura pueden alterar la estructura del vino. No ocurriría lo mismo con los cambios paulatinos de temperatura que vienen dados por el cambio de estación, estos no perjudican ni afectan el proceso de guarda.

La luz es otro factor importante a tener en cuenta, dependiendo del tipo de vino, puede afectarle seriamente, como sería el caso de los vinos blancos o espumosos, por eso es necesario asegurarse de que la bodega se encuentre en penumbras o con el alumbrado oportuno que permiten las nuevas tecnologías y que están recomendados por los expertos.

La humedad es otro aspecto fundamental, debe situarse entre el 70% y el 80%, esta condición evita que el corcho pueda estropearse, una excesiva humedad puede pudrir el corcho y por el contrario, poca humedad lo resecaría. Junto a la humedad se debe tener en cuenta la ventilación de la bodega, gracias a ella evitaremos el olor a moho y ambiente cargado.

También es necesario recordar que la bodega es un espacio exclusivo para el vino y no debemos guardar otras cosas, una simple botella de lejía o un bote de pintura pueden afectar al vino traspasando las moléculas emanadas de estos productos el propio corcho.

Ya sólo queda la posición de las botellas, éstas deben estar tumbadas, la razón es sencilla, el vino debe estar en contacto con el corcho para garantizar su sellado y su elasticidad. El vino es un mundo fascinante y aunque es sencillo de comprender, el camino para conocerlo es verdaderamente extendido, cuanto más te adentras en él, más apasiona.

EL MEJOR PINOT NOIR DEL MUNDO


En el XI Concurso Mundial de Pinot Noir que se realizó en Sierre, Suiza, fue elegido como el mejor Pinot Noir del mundo el Pinot Noir 2004 de la bodega argentina Familia Schroeder.El Pinot Noir - Malbec 2004 fue galardonado con doble medalla de oro y elegido el mejor del mundo por el jurado del concurso mundial de Pinot Noir, en el cual participaron 1.100 vinos procedentes de 19 países.

“Familia Schroeder es un vino de corte y expresa las máximas cualidades de la variedad Pinot Noir producto de un terruño único para su desarrollo. Es elegante, persistente, de buena estructura y muy equilibrado”, describe Leonardo Puppato, su enólogo.

“Este premio es muy importante para nosotros, y especialmente para el país. Es la primera vez que una bodega argentina obtiene la doble Medalla de Oro para un vino de esta variedad. El Pinot Noir es claramente una cepa icono de nuestra bodega, y participa estratégicamente y con mucho éxito en cada una de nuestras líneas de productos”, dice Roberto Schroeder, presidente de la bodega ubicada en San Patricio del Chañar, provincia de Neuquén, en la Patagonia argentina.

Via: www.todovinos.cl

A tono con la primavera: llegan al mercado las nuevas añadas de dos vinos rosados


A medida que la temperatura sube, las bodegas se ponen a tono. En este caso, El Porvenir de Los Andes y Fabre Montmayou presentaron sus propuestas


Llega la primavera, aumenta la temperatura, y las bodegas se ponen a tono para satisfacer la demanda de vinos más frescos.

En este contexto, esta semana se conocieron dos nuevos lanzamientos de vinos rosados.

Por un lado, Bodegas El Porvenir de los Andes acaba de lanzar su nuevo Amauta Rosé cosecha 2011, un vino rosado elaborado a base de uvas 100% Malbec provenientes de viñedos propios ubicados a 1.750 metros sobre el nivel del mar, en el Valle de Cafayate, Salta.

El nuevo Amauta Rosé 2011 fue elaborado bajo el asesoramiento de Paul Hobbs y es de los primeros vinos supervisados en la totalidad del proceso por el reconocido enólogo norteamericano. Además, teniendo en cuenta las nuevas tendencias y requerimientos de los mercados, para esta cosecha de El Porvenir de los Andes realizó un cambio en la presentación implementando el sistema de tapa a rosca.

Desde Febrero de 2010, El Porvenir de los Andes cuenta con la consultoría exclusiva de Paul Hobbs en la Provincia de Salta. La presencia de Hobbs es una apuesta a que su experiencia enológica y su perfil internacional sirvan para potenciar la región y los vinos de la bodega. Durante el 2010 estuvo involucrado en las mejoras realizadas en los viñedos y en la Bodega y se encuentra involucrado en cada detalle de la vinificación de la cosecha 2011.

Amauta Rosé 2011 es un vino de color rojo granate brillante, de gran vivacidad. De aroma frutado, con intensas notas de frutilla y frambuesa. En boca es fresco, equilibrado, fácil de beber, de entrada dulce con post gusto largo y dejos refrescantes. Se recomienda beberlo a temperatura entre 5 a 8 Grados. Se comercializa en vinotecas a un precio sugerido de $55.

Por otra parte, Fabre Montmayou acaba de presentar el Malbec Rosé 2011, el más joven de la línea Phebus.

"Su sabor, sin lugar a dudas ni planteos, es reafirmado por un bouquet vivaz nacido de un Malbec elaborado y cuidado por Hervè Joyaux Fabre que le otorga aroma a frutas y un incuestionable recuerdo cítrico", explicaron desde la bodega.

Es un vino ideal para maridarlo con carnes blancas y salsas muy suaves y casi un "must" a la hora de ordenar sushi.

F:iprofesional

Vinos dulces aquí, 6 etiquetas esenciales


Algunos los consideran poco sofisticados, pero los vinos dulces suman fanáticos día a día. Si todavía no los probaste, empezá por estas marcas.

Con diferentes variedades y métodos de elaboración, los vinos dulces son una de las categorías que más ha crecido en el país en los últimos años.

Estos son nuestros favoritos en cada tipología de los dulces nacionales, para que puedas darte un gusto y reírte de los que te miran mal.

Cosecha Tardía: NORTON 2010 ($20)
Lo notable de este vino es su vigencia en el tiempo. Inauguró los vinos tardíos en nuestro país y pronto cumplirá las dos décadas como favorito del público. Su secreto, según explican los técnicos de la bodega, se debe fundamentalmente a la buena materia prima: 100% Chardonnay de Agrelo, Luján de Cuyo, que cosechado tempranamente consigue la acidez que luego compensa su boca dulce. Puede llegar a tener hasta 50g de azúcar. Es accesible e inmejorable.

Frizantes: NEW AGE ($21)
Los frizantes forman una corriente fuerte dentro de los vinos dulces. Su secreto está en que no hay secretos. Gustan y punto. Y New Age, el inventor de estos vinos en Argentina, es aromático y refrescante, con unas muy finas burbujas. Es una bebida para pasar un buen rato. En una frapera con abundante hielo, poné una botella y servite una copita sentado en una terraza o a última hora de la tarde con un jardín delante de tus ojos. No falla.


Blanco dulce natural: FINCA LAS MORAS DULCE VIOGNIER 2008 ($21)
Entre los blancos dulces naturales –es decir, que no necesariamente son tardíos, sino que conservan azúcar de la uva- este Viogner es un número puesto. Primero porque San Juan, por su clima cálido, es la Meca para hacer este tipo de productos; segundo, porque es frutal, y tiene una boca ligeramente dulce y con buena acidez.

Espumante dulce natural: DESEADO ($49)
Representante de una nueva movida en espumantes dulces, este raro Torrontés patagónico logra ser cítricamente aromático, con un paso franco y rico en la boca. Con todo, el argumento con que conmueve a sus consumidores es su buen balance y burbuja justos. Un espumante que, bebido como aperitivo, te alegra la tarde, mientras que podés consumirlo como espumante para brindar junto al postre y estirar la sobremesa. Siempre frío.

Tinto tardío: GRAFFIGNA MALBEC TARDIO ($50)
Debido al éxito de los blancos, muchas bodegas exploraron el terreno de los tintos tardíos, que conforman una nueva variante en nuestro mercado. Y Graffigna está entre las que lograron el producto más notable. Recuerda a ciruelas deshidratadas, con una nota de roble que le suma complejidad. En boca, vibra el contrapunto entre dulzor y frescura. Se bebe frío y en la sobremesa, como una golosina o un postre en sí mismo.

Fortificado: MALAMADO ($80)
Los fortificados son vinos potentes y aromáticos que hoy representan una buena parte de los tintos dulces en nuestro país. En el mundo se los conocen por los Oportos y aquí, por Malamado. Es un Malbec al que se le detiene la fermentación por adición de alcohol de vino (de ahí lo de fortificado) que conserva toda la vitalidad gustativa de la variedad, con un kick etílico que lo vigoriza. Para beber a última hora de la noche o con chocolates amargos, no hay otro mejor.

F:planetajoy

Aromas que se perciben en los vinos


Si algo resulta importante en la calidad de un vino son sus aromas, los mismos describen una historia de todo el proceso que ha atravesado para llegar a ser ese delicioso producto final.

Sin embargo, cuando hablamos de aromas no debemos confundirlo con el término "olores". Estos últimos se relacionan comúnmente con aquello que resulta desagradable a nuestro olfato y paladar. Determinan fallas en el proceso o, simplemente, la obtención de un producto de baja calidad.

Los aromas de los vinos pueden clasificarse en función del momento en que se incorporan al mismo; pues a lo largo de todo el proceso de fabricación, el producto va sufriendo una serie de cambios que suman valores a lo que será el resultado. Se clasifican en primarios, secundarios y terciarios.

Aromas primarios

Se relacionan con el o los tipos de uvas empleadas para su obtención. Las condiciones de cultivo y cosecha determinarán la existencia de ciertos aromas frutales y vegetales, así como a algunas especias. Es común encontrar destellos de manzanas, peras, fresas, rosas, canela y hasta pimienta.
Aromas secundarios

Se incoporan durante la fermentación, se basan en todos los cambios que sufre debido a la acción de las levaduras. Las cuales, dependiendo del tipo, provocarán efectos diversos. Estos aromas resaltan tonos que semejan el caramelo, los pasteles y los quesos.
Aromas terciarios

Son también conocidos como bouquet. Se desarrollan durante el añejamiento y maduración de los vinos, por lo que pueden recoger detalles aromáticos de la propia madera. Durante su estancia en la botella, logran enfatizar en tonos que recuerdan las nueces, las pieles curadas, café, chocolate y el tabaco.

Los vinos varietales procedentes de uvas Merlot y Cabernet Sauvignon, normalmente resaltan estos aromas que se incoporan durante la crianza.

Resulta verdaderamente complejo e interesante el largo camino que atraviesan estos productos para llegar a nuestra mesa. Con un poco de conocimiento podemos ser testigos presenciales del proceso, solo necesitamos nuestro olfato y paladar.

Vinos cosecha tardía: cómo se elaboran y cuál es la mejor forma de consumirlos in


Para elaborar un cosecha tardía, el viticultor o enólogo elige el grado de madurez de las uvas según el estilo de vino que desea hacer y esto depende en gran medida del tiempo que se dejan los racimos en la viña para cosecharlos maduros, muy maduros, deshidratados como pasas de uva y hasta afectados por la podredumbre noble.

Para concentrar todavía más los azúcares se deshidratan las bayas luego de ser cosechadas, práctica que se conoce en Italia bajo el nombre de Passito.

En nuestras latitudes no se da naturalmente en el viñedo la podredumbre noble llamada Botrytis, que deshidrata los granos en otoño y le confiere aromas muy apreciados a miel y una textura más opulenta al vino.

Pero se puede inducir con rocíos matinales en el viñedo y en el caso de Rutini Wines han logrado un vino de una paleta aromática sorprendente, delicado y elegantísimo: el Rutini Vin Doux Naturel (500cc, $160) de uvas Verdicchio y Semillón y con crianza en roble francés.

Cuando las condiciones climáticas lo permiten, se puede elaborar el Eiswein -o vino de hielo-, un estilo exquisito de cosecha tardía ya que bien entrado en otoño, casi invierno, en el hemisferio norte se cosechan las uvas de noche con temperaturas a menos de 8º C bajo cero.

En el mosto helado se concentran azúcares y aromas y se obtiene un vino muy dulce y de escasa producción. Como en el caso de la botrytis, en la Argentina se sustituyen los fenómenos naturales con técnicas y herramientas modernas.

El congelamiento se produce aquí recién en la bodega y se llama crio-extracción, posibilitando trabajar con las cantidades de uvas deseadas.

El grado de madurez de la fruta no sólo incide en los aromas que van de lo frutado cítrico a mermelada, pasa, frutos secos y miel sino también incide en el descenso de la acidez y el aumento del grado alcohólico del vino.

Para conservar algo o mucho del azúcar natural del mosto y no dejar que todo se convierta en alcohol se puede interrumpir la fermentación.

¿Cómo se hace? Arnaud de Villeneuve fue quien consiguió destilar alcohol de vino según recetas árabes en el sur de la actual Francia allá en el siglo XIII.

Con esta "eau de vie" siguió experimentando y descubrió que la adición de alcohol al mosto interrumpe la fermentación, conservando azúcares naturales del vino.

Nació el "vin doux naturel" o vino dulce natural que fue un éxito total durante toda la Edad Media.

Muchas laderas y terrazas soleadas en el sur de Francia están reservadas aún hoy, siglos más tarde, exclusivamente para el cultivo y la elaboración de estos vinos dulces.

Las variedades de uvas tradicionales son la blanca Muscat y la tinta Grenache.

Hoy, el bodeguero o enólogo controla la transformación del azúcar en alcohol y elige el momento para añadir alcohol puro y neutro. Cuánto más pronto se interrumpe la fermentación del vino, mayor es el contenido de azúcar residual.

A partir de unos 25 gramos de azúcar por litro el vino se percibe dulce, pero los hay con ¡hasta 200 gramos por litro! Esta información se encuentra en la contra etiqueta.

En todos los estilos se busca el equilibrio entre azúcar-alcohol- acidez.

Los vinos dulces naturales siempre están levemente encabezados pero generalmente no superan una graduación alcohólica de 12,5%. Esta es la principal diferencia con otros vinos dulces fortificados (sinónimo de encabezados) que pueden llegar a tener hasta 19% de alcohol, como algunos oportos.

Así como hay muchos estilos también hay muchos paladares y ocasiones diferentes para beber estos vinos.

En Argentina se elaboran interesantes y muy diferentes vinos dulces, la mayoría con uvas blancas aromáticas como la Torrontés, Gewürztraminer y Riesling. Se hacen vinos frescos y jóvenes o con crianza en barricas, levemente dulces o muy golosos, ofreciéndonos una enorme versatilidad a la hora de maridar con comida.

En la barra los más livianos son deliciosos aperitivos, mejor bien fríos. Los más dulces son casi un postre en sí, pruébelos con cantuccis de almendras.

La sal es muy apropiada como contrapeso del azúcar, por eso, la mayoría de los quesos grasos y de aromas intensos (los azules, por ejemplo) armonizan muchísimo mejor con un vino blanco dulce que con un vino tinto.

Los postres requieren de vinos dulces ya que el azúcar adormece las papilas gustativas y todo lo que no es dulce se percibe un poco soso. Por eso, la próxima vez pruebe un vino dulce en lugar de la clásica copa de espumante brut con la torta de cumpleaños.

Otro aspecto a tener en cuenta es el peso del vino y el peso de la comida. Un Elementos Torrontés Cosecha Tardía Dulce Natural 375cc (Bodega El Esteco, $17), de un color amarillo casi transparente, acidez fresca, notas cítricas de ananá, uva, notas florales y miel marida muy bien con una tarta de manzana tipo apple crumble.

Pero si le agregamos una bocha de helado de vainilla ya vamos a necesitar un vino con más cuerpo, más peso y podríamos elegir un Luigi Bosca Granos Nobles Gewürztraminer 2008 (500cc, $90).

Este vino tuvo crianza en barrica y los resultantes aromas más complejos van de maravilla con los sabores del conjunto.

Los sabores asiáticos como los agridulces o picantes se resaltan muy bien con vinos levemente dulces. También el sushi. He aquí una propuesta con burbujas: Norton Cosecha Tardía Espumante ($35) de uvas Chardonnay.

La tendencia en los restaurantes es ofrecer los vinos dulces de cosecha tardía no sólo por botella sino también por copa, una excelente noticia para quienes quieren degustar y conocer diferentes productos. El sommelier está para asesorarlo a la hora de elegir la mejor opción para acompañar el plato deseado.

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No todos los Malbec son iguales: 6 etiquetas con personalidad propia


El Malbec es el tinto argentino por excelencia. Y entre tanta oferta, algunas etiquetas sobresalen por ser diferentes al resto.

1. MARCUS MALBEC 2008 ($24)
Una grata sorpresa en la góndola de los accesibles. Lástima que el Merlot de la misma marca le haga sombra, porque este Malbec patagónico tiene a su favor la aromática frutal y vegetal que adquiere esta variedad en esa zona, con una acidez atípica y refrescante. Podrás argumentar que estéticamente no es un logro, concedemos, pero una vez que lo probás es imposible que no luzca en una mesa de amigos, ya que es un serio candidato a un interminable asado de fin de semana.

2. LOS CARDOS MALBEC 2009 ($39)
¿Cómo hace Doña Paula para conseguir este nivel de fruta, la elegancia en boca y el sabor final de este vino, aún cuando elabora mucho volumen? Es un misterio. Y sin embargo este Malbec está entre los más parejos del mercado. Su aromática directa te obliga a abrir los ojos al percibir su perfume, y el paso jugoso emociona. Un fuera de serie de la góndola que hay que conocer. Plus: suele tener muy buen precio en cartas de restaurantes.

3. ALTO LAS HORMIGAS 2009 ($59)
Este es un tinto que definió un estilo de estándar internacional para la Argentina. Antes, los Malbecs querían ser vinos facilones y cordiales. Pero cuando apareció Alto Las Hormigas la cosa cambió. La cosecha 2009 –la décima de su historia- recuerda al gran David Bowie: no importa que pasen los años, siempre es moderno. Lo mejor que tiene es su nariz punzante y el andar arrobado de unos taninos mullidos, que llena la boca de buen sabor.

4. NORTON RESERVA 2007 ($60)
No en vano ha sido incluido entre los 100 mejores del mundo según la revista norteamericana Wine Spectator. Norton no escatima esfuerzos para elaborarlo y lo que consigue es una perla violeta, de aroma frutal y especiado, con un paladar sofisticado que sirve para hacer escuela: carnoso, de taninos suaves y final frutal, que reverbera en el fondo de boca largo rato. Un Malbec ejemplar a la hora de hablar de lo que nuestro país puede hacer: más de un millón de botellas de un tinto impecable.

5. MALBEC DE RICARDO SANTOS 2008 ($70)
Cuando se habla de Malbec personales, es inevitable no mencionar el de Ricardo Santos, hombre de larga trayectoria en el vino argentino. Su vino, elaborado con uvas de Luján, es suave y ligero, pero al mismo tiempo complejo: aromáticamente recuerda a la ciruela y algo de pimienta negra, y llena la boca con esa mezcla rara de amabilidad y buena presencia que tienen los clásicos. No ostenta ninguna modernidad, sino el carácter sosegado y singular que entrega la experiencia.

6. ALTOCEDRO RESERVA 2008 ($140)
Este vino esconde un secreto: según palabras de Karim Mussi, su enólogo, fue fermentado con una porción de Semillón (uva blanca), de ahí que gana color y sobre todo ligereza, aún siendo un tinto de paso fluido y profundo en su estructura. Lo que más gusta de este Malbec es que no se parece a otros: en eso, La Consulta, de donde es originario, le pone un sello distintivo aromáticamente hablando. Si bien el precio es alto, es para tener a mano para cuando quieras darte un gusto.

Aromas para identificar cuando un vino está en mal estado


Cuando descorchamos una botella de vino, nos preparamos para sentir una serie de aromas agradables, que son característicos de esta bebida: florales, frutados, especiados, etc. Ahora, ¿qué pasa si el vino huele a jarabe para la tos? ¿Está en mal estado? ¿Hay que cambiar de botella?

La especialista estadounidense Mary Orlin, autora del blog The Wine Fashionista, despeja cualquier duda con una lista de 6 aromas para identificar fácilmente un vino en mal estado:

1. Jerez
Acerca tu nariz a la copa. ¿El vino huele como si fuera un jerez o tiene olor a nuez? Significa que está oxidado, o sea, que no se conservó correctamente o estuvo en contacto con una fuente de calor. El color también te puede dar una pista: si es rojo ladrillo, en el caso de un tinto, o dorado, en el de un blanco, no está bueno.

2. Vinagre
Descorchas una botella y percibes un olor semejante al vinagre o al quitaesmalte de uñas. Ese aroma indica acidez volátil, que se debe a alteraciones bacterianas. Cambia la botella.

3. Huevo podrido
Este olor se debe a la presencia de sulfuro. Ocurre en los casos en que las bodegas emplean demasiado sulfuro en la producción del vino, para evitar la formación de microbios y bacterias.

4. Jarabe para la tos
La Brettanomyces es una levadura que se emplea en la producción de bebidas alcohólicas como el vino y la cerveza. Huele a jarabe para la tos e indica que el vino no goza de buena salud.

5. Corcho
En ocasiones, puede suceder que el tapón del vino se vea afectado por una bacteria (conocida como TCA), que hace que el vino huela igual que un sótano húmedo. Tomar ese vino no hace daño pero el aroma lo vuelve desagradable.

6. Fósforo
¿Alguna vez sentiste que el vino olía igual que un fósforo recién encendido? Se debe a los sulfitos, unos antioxidantes que se añaden al vino para evitar el desarrollo de bacterias. Este olor puede provenir de un vino recién embotellado.

Fuente: planetajoy.com